Los miserables

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Los miserables
Título original Les Misérables
Autor Víctor Hugo
Publicación 1862 (hace 152 años)
Idioma Francés

Los miserables es tal vez la obra magna del escritor francés Víctor Hugo. Reconocida como una de las mejores novelas del siglo XIX, Los miserables cuenta las venturas y desventuras de Jean Valjean, un presidiario que luchará toda su vida por mantenerse virtuoso. La novela incluye además algunas partes que permiten acercarse a la historia contemporánea francesa. Los miserables es la obra que defiende por antonomasia a aquello más desfavorecidos de la sociedad: ladrones, pobres y estudiantes sin estudios.

Citas[editar]

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Parte primera[editar]

  • "Lo que de los hombres se dice, verdadero o falso, ocupa tanto lugar en su destino, y sobre todo en su vida, como lo que hacen."
    • Libro 1; capítulo I.
  • "Oh, Vos, ¿quién sois? El Eclesiástico os llama todopoderoso;los Macabeos os nombran Creador; la Epístola a los efesios os llama Libertad; Brauch os nombra Inmensidad; los Salmos os llaman Sabiduría y Verdad; Juan os llama Luz; los reyes os nombran Señor; el Éxodo os apellida Providencia; el Levítico, Santidad; Esdras, Justicia;la creación os llama Dios; el hombre lo llama Padre;pero Salomón os llama Misericordia, y èste es el mas bello de vuestros nombres."
    • Libro 1; capítulo I.
  • "No preguntéis su nombre a quien os pide asilo. Precisamente quien más necesidad tiene de asilo es el que tiene más dificultad en decir su nombre."
    • Libro 1 capítulo III.
  • "Llamar caballero a un presidiario, es dar un vaso de agua a un náufrago de la Medusa. La ignominia está sedienta de consideración."
    • Libro 2; capítulo III.
  • "Ser ciego y ser amado, es, en este mundo en que nada hay completo, una de las formas más extrañamente perfectas de la felicidad."
    • Libro 5; capítulo IV.
  • "La dicha suprema de la vida es la convicción de que somos amados, amados por nosotros mismos; mejor dicho amados a pesar de nosotros."
    • Libro 5; capítulo IV.
  • "Ciertas personas son malas únicamente por necesidad de hablar. Su palabra necesita mucho combustible y el combustible es el prójimo."
    • Libro 5; capítulo VII.
  • "En vano tallamos lo mejor posible ese tronco misterioso que es nuestra vida; la veta negra del destino aparecerá siempre."
    • Libro 6; capítulo I.
  • "El presidio hace al presidiario."
    • Libro 7; capítulo V.
  • "La probidad, la sinceridad, el candor, la convicción, la idea del deber son cosas que en caso de error pueden ser repugnantes; pero, aún repugnantes, son grandes; su majestad, propia de la conciencia humana, subsiste en el horror; son virtudes que tienen un vicio, el error. La despiadada y honrada dicha de un fanático en medio de la atrocidad conserva algún resplandor lúgubre, pero respetable. Es indudable que Javert, en su felicidad, era digno de lástima, como todo ignorante que triunfa."
    • Libro 8; capítulo II.
  • "A los que ignoran, enseñadles todo lo que podáis; la sociedad es culpable de no dar enseñanza gratis: es responsable de la noche que produce. Este alma está llena de sombras, y allí se comete el pecado. El culpable no es quien ha cometido el pecado, sino aquél que ha hecho la sombra."
    • Monseñor Myriel.
  • «¡Qué fácilmente la ambición se oculta bajo el nombre de vocación, de buena fe tal vez y engañándose a sí misma, cándida como es!».
    • Libro 1, capítulo 12.
  • «Vivimos en una sociedad sombría. Tener éxito, ésta es la enseñanza que, gota a gota, cae de la corrupción a plomo sobre nosotros. Dicho sea de paso, el éxito es una cosa bastante fea; su falso parecido con el mérito engaña a los hombres».
    • Libro 1, capítulo 12.

Parte segunda[editar]

  • "¿Era posible que Napoleón ganara esta batalla? No. ¿A causa de Wellington? No, a causa de Dios. No entraba en la ley del siglo XIX un Napoleón vencedor de Wellington. […] La caída de Napoleón estaba decidida. Napoleón incomodaba a Dios."
    • Libro 1; capítulo I.
  • "Los niños aceptan inmediatamente y con toda naturalidad la alegría y la dicha, siendo ellos mismos naturalmente dicha y alegría."
    • Libro 4 capítulo I.
  • "Es una cosa muy obscura y muy dulce ese grande y extraño sentimiento de un corazón que se pone a amar."
    • Libro 4; capítulo II.
  • "Hay en el mundo dos clases de seres que se estremecen profundamente: la madre que encuentra a su hijo perdido, y el tigre que encuentra su presa."
    • Libro 5; capítulo VI.
  • "El miedo es mudo."
    • Libro 6; capítulo VI.

Parte tercera[editar]

  • "Creyendo que no era amado, no amaba."
    • Libro 3; capítulo II.
  • "Nada mejor que el sueño para engendrar el porvenir. La utopía de hoy es carne y hueso mañana."
    • Libro 4; capítulo I.
  • "La vida, el sufrimiento, la soledad, el abandono, la pobreza, son campos de batalla que tienen sus propios héroes; héroes obscuros, a veces más grandes que los héroes ilustres."
    • Libro 5; capítulo I.
  • "Hay padres que no quieren a sus hijos, pero no hay un solo abuelo que no adore a su nieto."
    • Libro 5; capítulo III.
  • "Todo el que haya amado sabe las acepciones resplandecientes que contienen las cuatro letras de esta palabra: Ella."
    • Libro 8; capítulo V.

Parte cuarta[editar]

  • "En tiempo de revolución, la miseria es a la vez causa y efecto."
    • Libro 1; capítulo II.
  • "No hay nada más peligroso que la interrupción del trabajo, porque es una costumbre que se pierde. Costumbre fácil de perder y difícil de volver a adquirir."
    • Libro 2; capítulo I.
  • "Marius y Cosette no se hablaban, no se saludaban, no se conocían: se veían y, como los astros en el cielo que están separados por millones de leguas, vivían de mirarse."
    • Libro 2; capítulo VIII.
  • "El trabajo más rudo es el robo. Créeme, no emprendas la penosa profesión del perezoso; no es cómodo ser ratero."
    • Libro 2; capítulo X.
  • "¡Qué triste está el alma cuando está triste por el amor! ¡Qué vacío tan inmenso es la ausencia del ser que llena el mundo!"
    • Libro 3; capítulo II.
  • "Los que padecéis porque amáis, amad más aún. Morir de amor es vivir."
    • Libro 3; capítulo II.
  • "En cierto grado de miseria se apodera del alma una especie de indiferencia espectral y se ve a los seres como a ánimas en pena."
    • Libro 4; capítulo I.
  • "Es un error creer que la pasión, cuando es feliz, conduce al hombre a un estado de perfección; lo conduce, simplemente, al estado de olvido."
    • Libro 4; capítulo IV.
  • "Es una extraña pretensión del hombre querer que el amor conduzca a alguna parte."
    • Libro 4; capítulo VI.
  • "Llegará, ciudadanos, el día en que todo será concordia, armonía, luz, alegría y vida. Y para que llegue ese día nosotros debemos morir."
    • Libro 5; capítulo VI.
  • "El hombre es más profundo que el pueblo."
    • Libro 6; capítulo VI.

Parte quinta[editar]

  • "Ciudadanos, ¿os representáis el porvenir? Las calles de las ciudades inundadas de luz, ramas verdes en los umbrales, las naciones hermanas, los hombres justos, los ancianos bendiciendo a los niños, lo pasado amando a lo presente, los pensamientos en plena libertad, los creyentes en plena igualdad, por religión el cielo, Dios, sacerdote directo, la conciencia humana convertida en altar, extinguido el odio, la fraternidad del taller y de la escuela, por penalidad y por recompensa, la notoriedad, para todos trabajo, para todos derecho, y sobre todos la paz; no más sangre vertida, no más guerras, ¡las madres dichosas! Sojuzgar a la materia es el primer paso; realizar el ideal es el segundo."
    • Libro 1; Capítulo I.
  • "¿Adonde vamos? A la ciencia convertida en Gobierno; a la fuerza de las cosas erigida en única fuerza pública; a la ley natural con su sanción y su penalidad en sí misma, promulgada por la evidencia, a una alborada de versos que corresponda al nacer del día. Varnos a la unión de los pueblos; varnos a la unidad del hombre. Basta de ficciones; basta de parásitos. Lo real gobernado por lo cierto, tal es el fin. La civilización celebrará sus audiencias en medio de Europa, y más tarde en el centro de los continentes, en un gran parlamento de inteligencia. Se ha visto ya algo semejante. Los anfictiones tenían dos juntas al año, una en Delfos, lugar de los dioses, la otra en las Termopilas, lugar de los héroes, Europa tendrá sus anfictiones; el globo tendrá sus anfictiones. Francia lleva este porvenir sublime dentro de sí, Es la gestación del siglo diecinueve. Lo que había esbozado Grecia es digno de ser acabado por Francia."
    • Libro 1; Capítulo I.
  • "Ciudadanos, suceda hoy lo que sea, venzamos o seamos vencidos, vamos a hacer una revolución. Así como los incendios iluminan toda la ciudad, las revoluciones iluminan todo el género humano. ¿Y qué revolución vamos a hacer? Acabo de decirlo, la revolución de la Verdad. Bajo el punto de vista político, no hay más que un solo principio: la soberanía del hombre sobre sí mismo. Esta soberanía del yo sobre el yo se llama Libertad, Allí donde dos o varias de estas soberanías se asocian empieza el Estado. Pero en esta asociación no hay ninguna abdicación. Cada soberanía concede una cierta cantidad de sí misma para formar el derecho común. Esta cantidad es la misma para todos. Esta identidad de concesión que cada uno hace a todos se llama Igualdad, El derecho común no es otra cosa que la protección de todos del derecho de cada uno. Esta protección se llama Fraternidad. El punto de intersección de todas estas soberanías que se agregan se llama Sociedad. Siendo esta intersección una unión, este punto es un nudo. De ahí que se llame vínculo social. Algunos dicen contrato social; lo que es lo mismo, por cuanto la palabra contrato se forma etimológicamente con la idea del vínculo. Entendámonos acerca de la igualdad; pues al paso que la libertad es la cima, la igualdad es la base. La igualdad, ciudadanos, no significa toda la civilización a nivel; una sociedad de matas grandes y de encinas pequeñas; un conjunto de envidiosos hostilizándose; es, civilmente, el camino abierto por igual a todas las aptitudes; políticamente, el mismo peso para todos los votos; religiosamente, el mismo derecho para todas las conciencias. La igualdad tiene un órgano, y este órgano es la instrucción gratuita y obligatoria. El derecho al alfabeto; por ahí se debe empezar. La escuela primaria impuesta a todos; la escuela secundaria ofrecida a todos; tal es la ley. De la escuela idéntica, sale la sociedad igual. ¡Sí! ¡Enseñanza! ¡Luz! ¡Luz! De la luz emana todo, y todo vuelve a ella. Ciudadanos, el siglo diecinueve es grande, pero el siglo veinte será feliz. Entonces no habrá nada que se parezca a la antigua historia; no habrá que temer, como hoy, una conquista, una invasión, una usurpación, una rivalidad de naciones a mano armada, una interrupción de civilización por un casamiento de reyes, un nacimiento en las tiranías hereditarias, un reparto de pueblos acordado en congresos, una desmembración por hundimiento de dinastía, un combate de dos religiones encontrándose frente a frente, como dos sombras sobre el puente del infinito; no habrá que temer al hambre, la explotación, la prostitución por miseria, la miseria por falta de trabajo, el cadalso, la cuchilla, las batallas, y todos esos latrocinios del azar en la selva de los acontecimientos. Casi pudiera decirse que no habrá ya acontecimientos. Reinará la dicha. El género humano cumplirá su ley, como el alma y el astro. El alma gravitará alrededor de la verdad, como el astro alrededor de la luz. Amigos, la hora en que nos encontramos, y en que os hablo, es una hora sombría; pero tales son las terribles condiciones para la compra del porvenir. Una revolución es un peaje. ¡Oh!, el género humano será libertado, sacado de su postración y consolado. Nosotros lo afirmamos desde esta barricada. ¿De dónde saldrá el grito de amor sino de lo alto del sacrificio? Oh, hermanos míos, éste es el lugar de unión de los que piensan y de los que sufren; esta barricada no está hecha ni de adoquines ni de vigas ni de hierro viejo; está hecha de dos montones, uno de ideas y otro de dolores. La miseria encuentra en ella al ideal. El día se abraza con la noche y le dice: “Voy a morir contigo, y tú vas a renacer conmigo”. Del estrecho abrazo de todas las aflicciones brota la fe. Los sufrimientos traen aquí su agonía, y las ideas su inmortalidad. Esta agonía y esta inmortalidad van a mezclarse y a componer nuestra muerte. Hermanos, el que muere aquí, muere en la irradiación del porvenir, y nosotros entramos en una tumba penetrada de aurora."
    • Libro 1; Capítulo I.
  • "La pupila se dilata en las tinieblas, y concluye por percibir claridad, del mismo modo que el alma se dilata en la desgracia, y termina por encontrar en ella a Dios."
    • Libro 2; Capítulo II.
  • "Hay siempre en el pensamiento cierta cantidad de rebelión interior."
    • Libro 3; Capítulo I.
  • "El llanto es una de las formas de la suprema dicha."
    • Libro 4; capítulo III.
  • "El primer paso no es nada; el último es el difícil."
    • Libro 5; capítulo III.
  • "No hay mejor carcelero que uno mismo."
    • Libro 6; capítulo I.
  • "Ser un presidiario; es decir, el ser que en la escala social carece hasta de sitio. Después del último de los hombres está el presidiario."
    • Libro 6; capítulo II.
  • "¡Qué terrible es ser feliz! Está uno tan contento, y eso le basta, como si la única meta en la vida fuera ser feliz, y se olvida de la verdadera, que es el deber."
    • Libro 8; capítulo I.
  • "¡Es grata la vida en compañía de las personas que uno quiere, darles los buenos días, oírse llamar en el jardín!"
    • Libro 8; capítulo V.
  • "Nada importa morir, pero no vivir es horrible."
    • Libro 8; capítulo V.
  • "Amaos mucho, siempre. En el mundo casi no hay nada más importante que amar."
    • libro 8; capítulo V.