Las cuitas del joven Werther

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Las desventuras del joven Werther es una novela epistolar y semiautobiográfica de Johann Wolfgang von Goethe, publicada en 1774.

Citas[editar]

"Hay una sonata que ella ejecuta en el clavicémbalo con la expresión de un ángel: ¡tiene tal sencillez y tal encanto! Es su música favorita y le basta tocar su primera nota para alejar mi zozobra cuidados y aflicciones. No me parece inverosímil nada de lo que se cuenta sobre la antigua magia de la música ¡Cómo me esclaviza este canto sencillo! ¡Y cómo sabe ella ejecutarlo en aquellos instantes en que yo sepultaría contento una bala en mi cabeza...! ."
  • “¡Qué necios aquellos que no ven que en realidad no es importante la posición en sí, y que los que están ubicados en el primer puesto casi nunca juegan realmente el primer papel! ¡Cuántos reyes son gobernados por sus ministros y cuántos ministros por sus secretarios! ¿Y quién es entonces el primero? Aquél, creo yo, que supera a los otros y además dispone de tanta fuerza y viveza como para aprovecharse del ímpetu y las pasiones ajenas en la consecución de sus propios fines”.
  • "El hombre que por voluntad de otros, sin seguir sus inclinaciones o su propia necesidad, se consume trabajando por el dinero o por los honores, será siempre un loco."
  • "Mucho podría decirse en pro de las reglas, casi tanto puede decirse en alabanza de la sociedad burguesa. Quien se forma con arreglos a ella nunca producirá algo malo o de mal gusto, lo mismo que el que se deja guiar por las leyes y los buenos modales nunca podrá ser un vecino inaguantable ni un singular malvado, pero, dígase lo que se diga, ¡También las reglas destruyen el verdadero sentimiento de la naturaleza y la auténtica expresión!"
  • "Los sufrimientos de los hombres serían más leves si éstos -¡sabe Dios por qué los hizo así!- no se dedicasen con tal encono de la imaginación a evocar los recuerdos de los males pasados antes que a afrontar un ahora indiferente."
  • "Los malentendidos y la pereza acarrean más desaciertos en el mundo que la perfidia y la maldad juntas. Al menos estas dos son incuestionablemente más escasas."
  • "Mi corazón, este corazón, única cosa que me enorgullece, única fuente de fuerza, de felicidad y de infortunio. ¡Ah! Lo que yo sé cualquiera lo puede saber; pero mi corazón sólo lo tengo yo."
  • "Si pudiera un momento, uno solo estrecharla contra mi corazón, todo este vacío se llenaría."
  • "A nadie en este mundo le es fácil entender a los demás."
  • "Ella se detuvo, se apoyó de codos y su mirada penetró el paisaje: miró al cielo y me miró a mí, y vi sus ojos llenos de lágrimas: puso su mano en la mía y dijo "¡Klopstock!". Recordé en seguida su grandiosa oda, en que ella pensaba, y me sumergí en el torrente de impresiones que derramaba sobre mí en aquel momento."
  • "¿Qué otro destino le cabe al hombre sino el de llenar todo el camino con sus dolores, y apurar su cáliz hasta las heces?"
  • "¡Vayan al diablo los razonadores!"
  • " Cuando el hombre no se encuentra a sí mismo no halla nada."
  • " Las flores de la vida no son sino vanas vivencias. ¡Cuántas se marchitan sin dejar el más mínimo rastro! ¡Cuán pocas fructifican y qué pocas de estas frutas llegan a madurar! Y sin embargo,[...] ¿podemos no hacer caso de los frutos maduros, despreciarlos y dejarlos pudrir sin disfrutarlos?"
  • " ¿Un ángel! ¿Bah! Es lo que dicen todos de la suya, ¿no es cierto? Y, sin embargo, no puedo decirte hasta qué punto es perfecta, ni por qué es perfecta... Basta. Ha cautivado todos mis sentidos.
  • " Todo lo que diga sobre ella, no es más que vana palabrería, abstracciones molestas que no expresan uno solo de los rasgos de su carácter.
  • " Vivo días tan felices como los que Dios reserva a sus santos, y de mí puede ser lo que quiera, no podré decir que no he gozado los placeres, los más puros placeres de la vida.
  • " He meditado mucho acerca del ansia que tiene el ser humano de explayarse, de hacer nuevos descubrimientos, de andar vagando de aquí para allá, para luego, sobreponiéndose a ese impulso interno, de nuevo consagrarse voluntariamente a la limitación, volviendo al curso de la costumbre, sin preocuparse por lo que ocurre a derecha e izquierda.
  • La raza humana es harto uniforme. La inmensa mayoría emplea casi todo su tiempo en trabajar para vivir, y la poca libertad que les queda les asusta tanto que hacen cuanto pueden por perderla. ¡Oh, destino del hombre!
  • La poca libertad que nos queda nos asusta tanto que hacemos cuanto podemos para perderla.
  • Hay una sonata que ella ejecuta en el clavicémbalo con la expresión de un ángel: ¡tiene tal sencillez y tal encanto! Es su música favorita y le basta tocar su primera nota para alejar mi zozobra cuidados y aflicciones. No me parece inverosímil nada de lo que se cuenta sobre la antigua magia de la música ¡Cómo me esclaviza este canto sencillo! ¡Y cómo sabe ella ejecutarlo en aquellos instantes en que yo sepultaría contento una bala en mi cabeza...!
  • Vemos gente feliz que no nos debe su felicidad, y esto nos es insoportable.
  • Siempre se ha dado el nombre de beodo o insensato a todos los hombres extraordinarios que han hecho algo grande, que parecía imposible.
  • Cuando el hombre no se encuentra a si mismo no encuentra nada.
  • Si fuera algo más superficial sería el hombre más feliz de la tierra.
  • Cada vez que veo cómo son los demás, estoy mucho más contento de ser como soy.
  • Cada día me convexo más de lo estúpido que es querer juzgar a los demás.
  • Dejaría de buen grado seguir a todos su camino si ellos me dejaran andar a mí por el mío.
  • En el fondo lo único que quiero es aproximarme más a Carlota.
  • Que diferente me parece todo cuando camino por los lugares que atravesamos aquel día.
  • Sí; yo no soy otra cosa que un viajero, un peregrino en el mundo. ¿Y tú? ¿Eres algo más?
  • Sólo Dios sabe cuántas veces me he dormido con el deseo y la esperanza de no despertar jamás.
  • Quererla es pecado…. ¿Pecado?
  • Al dirigir mis ruegos a Dios, no puedo decir: “¡Conservádmela!” Y, sin embargo, hay momentos en que creo que me pertenece. Tampoco puedo decir: “¡Dádmela!”, porque pertenece a otro. Así es como me agito sin cesar sobre mi lecho de dolores.
  • "¡Siento tantas cosas… y mi pasión por ella devora todo! ¡Tantas cosas! Y sin ella, todo se reduce a nada." (27 de octubre, por la tarde.)
  • En una nota ruego a tu padre que proteja mi cadáver. En el cementerio hay dos tilos, en el rincón del fondo, hacia el campo, allí me gustaría descansar. Él puede hacerlo y lo hará por su amigo. Pídeselo tú también. No quiero forzar a cristianos piadosos a que su cuerpo repose junto al de un pobre desgraciado. ¡Ah!, yo quisiera que me enterraseis al borde del camino o en un valle solitario para que sacerdotes y levitas al pasar de largo junto a la piedra en la que está grabado mi nombre se santigüen y el samaritano derrame una lágrima.

Bibliografía[editar]

  • Goethe, Werther. Biblioteca Básica Salvat, isbn: 84-345-8012-8