La flor de mi secreto

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La flor de mi secreto
País España
Año de estreno 1995 (hace 19 años)
Dirección Pedro Almodóvar
Guion Pedro Almodóvar
Reparto
Marisa Paredes - "Leocadia <<Leo>> Macías"
Imanol Arias - "Paco"
Carmen Elías - "Betty"
Juan Echánove - "Ángel"
Chus Lampreave - "Jacinta" <<Madre de Leo>>
Rossy de Palma - "Rosa" <<Hermana de Leo>>

La flor de mi secreto es el undécimo largometraje escrito y dirigido por Pedro Almodóvar, desde Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón. Estrenado en 1995. Fue una coproducción de CiBy 2000 y El Deseo S.A.

Leo es una escritora de novela rosa cuyo marido militar ha decido participar voluntariamente en una guerra. Angustiada y llena de dolor por su matrimonio cuasi roto, Leo no puede escribir más ese género. Durante estos ciento treinta minutos de cinta veremos a Leo defender su nueva personalidad de escritora, más acorde con la mujer que es hoy. Cambiar de una mujer débil a una con fuerzas renovadas en su amor personal, y reencontarse con el amor.

Citas[editar]

  • Donde Manuela está grabando las simulaciones para el congreso de médicos.

Dr. Fernando: - Estas cosas ocurren todos los días
Manuela: - ¿Todos los días? ¡A mí no se me muere un hijo todos los días, oiga!

  • Durante la conversación en el restaurante:

"Como siga bebiendo así, acabaré convirtiéndome en una alcohólica anónima." Leo

"Ay, Betty, excepto beber, qué difícil se me hace todo." Leo

Betty: - Leo, no eres la única mujer que tiene problemas con su marido
Leo: - ¡Eso no es ningún consuelo!

  • En El País:

Angel: - A propósito, no sé si he leído algo suyo.
Leo: - No, no ha leído nada.
Angel: - ¿Cómo sabe? ¿Tengo cara de inculto?
Leo: - No. Es que no he publicado nada.

  • Durante la pelea con Paco:

Leo: - Paco, te suplico que me des, al menos, veinticuatro horas de verdad. Dónde sea, cómo sea, cuánto antes. Dime tú.
Paco: - No creo que pueda soportar veinticuatro horas como esta última.

  • De lo que escribe Leo:

"Todos los días me pongo algo tuyo. Hoy me he puesto los botines que me regalaste hace dos años. ¿Recuerdas que por la noche tuviste que quitármelos porque yo sola no podía? Al verlos esta mañana me he acordado de ti, y me los he puesto en tu honor. Ahora me aprietan. A veces, tu recuerdo, como estos botines, me oprimen el corazón, hasta impedirme respirar. ... ¡No puedo quitármelos!"
- "Indefensa ante el acecho de la locura" -

"Te odio. Ojalá pudiera seguir odiándote como te odio ahora. Este odio me ayudaría a arrancarle de mi vida. Dios mío, no creo en ti pero ayúdame."

Conversaciones[editar]

  • Durante la entrevista en el periódico:

Angel:- A mí también me interesa la literatura femenina.
Leo: - Me alegro
Angel: - ¿Qué opina de Amanda Gris?
Leo: - ¿Cómo sabe que Amanda Gris es una mujer? Nadie ha visto una foto suya. Nadie sabe quién es.
Angel: - Bueno, pues ahora que lo dice, tiene razón. Pero el género que escribe es típicamente femenino. Va desde Bárbara Cartland hasta el culebrón televisivo venezolano. Por lo que veo, no le gusta la literatura sentimental.
Leo: - Sí pero no creo que la literatura a la que usted se refiere, se ocupe en lo más mínimo de los sentimientos. No hay dolor, ni desgarro. Sólo rutina, complacencia y sensiblería.
Angel: - Respeto su opinión pero no estoy de acuerdo. ¿Le importaría desarrollar todo ésto que me acaba de decir en cinco folios?
Leo: - Me temo que no soy la persona adecuada; me horroriza Amanda Gris.
Angel: - Mejor. Para fenómenos de esta dimensión, solemos publicar una columna en contra, y otra a favor. La primera, naturalmente, sería la suya.
Leo: - No quiero escribir en contra. Ya hay suficientes cosas negativas en mi mundo; no quiero añadir una más. Y mucho menos que me paguen por ello. Adiós.

  • En el pueblo, con su madre.

Jacinta: - Si no has probado el caldo. ¿Qué te pasa, Leo?
Leo: - Me estoy volviendo loca, mamá.
Jacinta: - ¿Tú? Esa es tu hermana pero tú, no.
Leo: - Sí. Como las tías, como su abuela. Loca.
Jacinta: - Es por Paco, ¿verdad? Me lo estaba figurando, me lo estaba figurando. Ay, qué pena, hija mía. Tan joven y ya estás como vaca sin cencerro.
Leo: - ¿Como vaca sin cencerro?
Jacinta: - Sí; perdida, sin rumbo, sin orientación. Como yo.
Leo: - ¿Cómo usted?
Jacinta: - Yo también estoy como vaca sin cencerro. Pero a mi edad, es, es más normal. Por eso quiero vivir aquí en el pueblo. Cuando a las mujeres nos deja el marido, porque se ha muerto, o se ha ido con otra -que para el caso, es igual-, nosotras debemos volver al lugar donde nacimos. Visitar la ermita del santo; tomar el fresco con las vecinas, rezar las novenas con ellas; aunque no seas creyente. Porque si no, nos perdemos por ahí como vacas sin cencerro.

  • Al teléfono.

Jacinta: - Leocadia, que te llaman.
Leo: - ¿A mí?
Vecina: - Sí, a ti, ¿no te llamas Leocadia?

Poema que recita la madre[editar]

Jacinta: - ¡Qué hermosa está la mañana, Leo! La luz del sol, centellea. Las flores dan sus perfumes, sus rumores la arboleda. De rama en rama, cantando sin cesar rebolotean, los alegres pajarillos cuyos trinos me embelesan. Se escucha el tierno balido de los rebaños de ovejas, que como copos de nieve, se destacan en la hierba. Aquí se eleva una choza, que es de pastores vivienda. Allá, una casita blanca, más blanca que la azucena. Más adelante, un cortijo. Junto al cortijo, una huerta. Junto a la huerta, una casa; y junto a la casa, la iglesia. Lleno de encinas está el monte; rica de fruta, la vega. El río, con muchos árboles. ¿No lo sabéis? Es mi aldea.

Véase también[editar]