El Eternauta

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El Eternauta es una historieta argentina de ciencia ficción creada por el guionista Héctor Germán Oesterheld y el dibujante Francisco Solano López.

Citas[editar]

Primera etapa (1957-1959)[editar]

  • Víctor Oesterheld: "Este... ¿quién eres tú?"
    Juan Salvo: "Hmm, no es fácil contestar a esa pregunta. Podría darte centenares de nombres, y no te mentiría: todos han sido míos. Pero quizás el que te resulte más comprensible sea el que me puso una especie de filósofo, de finales del siglo XXI... el "Eternauta" me llamó él, para explicar en una sola palabra mi condición de navegante del tiempo, de viajero de la eternidad. Mi triste y desolada condición de peregrino de los siglos..."
  • Mano: "Alcáncenme esa escultura, por favor... en la gracia de ese cuello hay siglos de arte."
    Alberto Franco: "No es una escultura... es una cafetera..."
    Mano: "Ignoro lo que es eso... posiblemente un implemento de uso doméstico... ¿Se dan cuenta los hombres de todas las maravillas que los rodean? ¿Tienen idea de cuántos mundos habitados hay en el Universo, y de cuán pocos han florecido en objetos como éste?"
  • Mano: "Lástima que los hombres sólo dan valor a lo raro. No aprecian lo que abunda. Para ellos vale más un trozo de oro en bruto, sin trabajar, que una hoja de árbol o una pluma de pájaro."
  • Mano: "Pero un día vinieron Ellos. Nos vencieron, y para que quedáramos para siempre domesticados nos insertaron la glándula del terror. Nos sacaron de nuestro planeta y nos llevaron a lejanos mundos..."
    [...]
    Juan Salvo: "¿Quiénes son Ellos, ¿Mano?"
    Mano: "Ellos son el odio... el Odio Cósmico."
  • "Un momento después el 'Mano' se ponía a cantar. Aquel canto que, ahora lo sé, era una viejísima canción de cuna. El canto con que los 'Manos' se despedían de la vida"
  • Juan Salvo: "Me di cuenta de que lo decía para no desalentarme del todo, para que también yo participara de los beneficios de morir peleando."
  • Víctor Oesterheld "Pero... hay algo que no entiendo... Todo eso que usted me contó, ¿cuándo sucedió? ¿en qué año?"
    Juan Salvo: "Ocurrió en el año 1963... ¿En qué año estamos ahora?"
    Víctor Oesterheld: "A mediados de 1959... ¡Quiere decir que lo que usted me contó no sucedió todavía! ¡Quiere decir que quizás hay alguna forma de evitar que ocurra todo ese espanto!"
    [...]
    Víctor Oesterheld: "(pensando) ¿Qué hacer? ¿Qué hacer para evitar tanto horror? ¿Será posible publicando todo lo que el Eternauta me contó? ¿SERÁ POSIBLE...? FIN."

Sobre El Eternauta[editar]

  • "Siempre me fascinó la idea del Robinson Crusoe. Me lo regalaron siendo muy chico, debo haberlo leído más de veinte r el mar sino por la muerte. Tampoco el hombre solo de Robinson, sino el hombre con familia, con amigos. Por eso la partida de truco, por eso la pequeña familia que duerme en el chalet de Vicente López, ajena a la invasión que se viene. Ese fue el planteo. Lo demás... lo demás creció solo, como crece sola, creemos, la vida de cada día. Publicado en un semanario, El Eternauta se fue construyendo semana a semana. Había sí una idea general, pero la realidad concreta de cada entrega la modificaba constantemente. Aparecieron así situaciones y personajes que ni soñé al principio. Como el Mano y su muerte. O como el combate en River Plate. O como Franco, el tornero, que termina siendo más héroe que ninguno de los que iniciaron la historia. Ahora que lo pienso, se me ocurre que quizás por esta falta de héroe central, el Eternauta es una de mis historias que recuerdo con más placer. El héroe verdadero de El Eternauta es un héroe colectivo, un grupo humano. Refleja así, aunque sin intención previa, mi sentir íntimo: el único héroe válido es el héroe en grupo', nunca el héroe individual, el héroe solo"
  • "El Eternauta comenzó siendo un cuento corto, de apenas 70 cuadros. Luego se transformó en una larga historia, una suerte de adaptación del tema Robinson Crusoe. Me fascinaba la idea de una familia que quedaba sola en el mundo, rodeada de muerte y de un enemigo ignorado e inalcazable. Pensé en mí mismo, en mi familia, aislados en nuestro chalet y comencé a plantearme preguntas"
  • "Yo estuve fuera del país entre los años '63 y '68. Cuando surgió lo de El Eternauta II yo estaba trabajando fuerte para la editorial inglesa Fleetway, tenía un equipo grande trabajando. Pero yo sentía que eso estaba cumpliendo su ciclo, estaba fatigándome y empezaba a pensar en preparar algún proyecto independiente o en viajar al exterior. Acá era una época muy movida, estamos hablando de los años '75 y '76. Incluso creo que los últimos capítulos los terminé de dibujar en España o poco antes de irme. Y de pronto, me llamaron de Récord, la editorial que habían abierto Alfredo Scutti y Zerboni, para ofrecerme entrar a la revista Skorpio. Para ese entonces yo andaba detrás de los originales de El Eternauta, que habían quedado en poder de un imprentero que se los había tomado a Oesterheld como parte de pago de una deuda. Los originales eran míos, pero se los tenía que comprar y yo no tenía la plata que me pedía. Finalmente se los compró Zerboni y se los llevó a Italia.
    De todo el material que esta gente intentaba recuperar, lo que más les interesaba era El Eternauta. Ahí me di cuenta por primera vez de la vigencia que tenía El Eternauta. Cuando salía originalmente, yo tomaba la popularidad de la revista no como un éxito personal, sino como un trabajo en conjunto. No habían datos que pudieran aclararnos cuál de las historietas que hacíamos era la más popular, si Randall, o Ticonderoga, o El Eternauta... yo veía que la revista tenía repercusión y recién muchos años después, cuando vi el interés que despertaba reeditar El Eternauta, tuve la prueba de que esa era la historia que había quedado más prendida en el público."
  • "Todo el trabajo de la segunda parte él lo hizo prácticamente en forma clandestina, apareciendo subrepticiamente en la editorial para entregar los guiones o mandándolos por terceros. Yo lo vi una o dos veces más y las últimas veces fue cuando yo protesté porque él se excedía en el contenido militante y subversivo. No es que yo les tuviera simpatía a los militares ni a su sistema, sino que lo que él proponía, el mensaje de Montoneros, tampoco era de mi agrado. Y el personaje se desvirtuó. Yo ya no sentía al personaje. Me molestaba hacerlo porque el personaje se me movía y hacía y decía cosas que no encajaban."

Referencias[editar]


Víctor Oesterheld: "Este... ¿quién eres tú?" Juan Salvo: "Hmm, no es fácil contestar a esa pregunta. Podría darte centenares de nombres, y no te mentiría: todos han sido míos. Pero quizás el que te resulte más comprensible sea el que me puso una especie de filósofo, de finales del siglo XXI... el "Eternauta" me llamó él, para explicar en una sola palabra mi condición de navegante del tiempo, de viajero de la eternidad. Mi triste y desolada condición de peregrino de los siglos..." Mano: "Alcáncenme esa escultura, por favor... en la gracia de ese cuello hay siglos de arte." Alberto Franco: "No es una escultura... es una cafetera..." Mano: "Ignoro lo que es eso... posiblemente un implemento de uso doméstico... ¿Se dan cuenta los hombres de todas las maravillas que los rodean? ¿Tienen idea de cuántos mundos habitados hay en el Universo, y de cuán pocos han florecido en objetos como éste?" Mano: "Lástima que los hombres sólo dan valor a lo raro. No aprecian lo que abunda. Para ellos vale más un trozo de oro en bruto, sin trabajar, que una hoja de árbol o una pluma de pájaro." Mano: "Pero un día vinieron Ellos. Nos vencieron, y para que quedáramos para siempre domesticados nos insertaron la glándula del terror. Nos sacaron de nuestro planeta y nos llevaron a lejanos mundos..." [...] Juan Salvo: "¿Quiénes son Ellos, ¿Mano?" Mano: "Ellos son el odio... el Odio Cósmico."

"Un momento después el 'Mano' se ponía a cantar. Aquel canto que, ahora lo sé, era una viejísima canción de cuna. El canto con que los 'Manos' se despedían de la vida" Juan Salvo: "Me di cuenta de que lo decía para no desalentarme del todo, para que también yo participara de los beneficios de morir peleando." Víctor Oesterheld: "Pero... hay algo que no entiendo... Todo eso que usted me contó, ¿cuándo sucedió? ¿en qué año?" Juan Salvo: "Ocurrió en el año 1963... ¿En qué año estamos ahora?" Víctor Oesterheld: "A mediados de 1959... ¡Quiere decir que lo que usted me contó no sucedió todavía! ¡Quiere decir que quizás hay alguna forma de evitar que ocurra todo ese espanto!" [...] Víctor Oesterheld: "(pensando) ¿Qué hacer? ¿Qué hacer para evitar tanto horror? ¿Será posible publicando todo lo que el Eternauta me contó? ¿SERÁ POSIBLE...? FIN."