Clarice Lispector

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Clarice Lispector
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Clarice Lispector (n. Chechelnyk, Ucrania; 10 de diciembre de 1920 - m. Río de Janeiro; 9 de diciembre de 1977) fue una escritora brasileña. Aunque su especialidad ha sido el relato, dejó un legado importante en novelas, como La pasión según G. H. y La hora de la estrella, además de una producción menor en libros infantiles, poemas y pintura.

Citas[editar]

  • "Echar de menos es un poco como el hambre. Sólo se pasa cuando se come la presencia. Pero, a veces, el echar de menos es tan profundo que la presencia es poco: se quiere absorber a la otra persona entera. Esa gana de ser el otro para una unificación entera es uno de los sentimientos más urgentes que se tiene en vida."[sin fuentes]
  • "Lo que es verdaderamente inmoral es haber desistido de uno mismo."
    • Carta a Olga Borelli.
  • "Elegir la propia máscara es el primer gesto voluntario humano. Y es solitario."[sin fuentes]

Cerca del corazón salvaje (1944)[1][editar]

  • Hubo un momento grande, parado, sin nada dentro.
  • En la gotita de tiempo siguiente nada pasaba si ella continuaba esperando lo que iba a pasar.
  • Se podría quedar pensando en todo aquello tardes enteras. Por ejemplo: ¿Quién dijo por primera vez así: nunca?.
  • La bondad era tibia y sin consistencia, olía a carne cruda guardada mucho tiempo.
  • Al final, ¿Qué importa más: vivir o saber que se está viviendo?
  • Comprende la vida porque no es suficientemente inteligente para no comprender.
  • Y fue tan cuerpo que fue puro espíritu.
  • Tengo que buscar la base del egoismo: todo lo que no soy no me puede interesar, es imposible ser algo que no se es.
  • Pero es que basta con silenciar para vislumbrar, debajo de todas las realidades, la única irreductible, la de la existencia.
  • ...pero no verse obligado a discutir, a mirar y a disputar con aquellas personas ignominiosamente humanas, desfilando, exponiéndose sin vergüenza.
  • La perfección de Dios se prueba más con la imposibilidad del milagro que con su posibilidad.
  • Hay cosas indestructibles que acompañan el cuerpo hasta la muerte como si hubieran nacido con él. Y una de esas es lo que surge entre un hombre y una mujer que viven juntos ciertos momentos.
  • Alguien que me recoja como a un perro humilde, que me abra la puerta, me regañe, me alimente, me quiera severamente como a un perro, eso es lo que quiero, como a un perro, como a un hijo.
  • Yo misma puedo morir de ser ante mí. La soledad está mezclada en mi esencia.
  • Nada existe que escape a la transfiguración.

La pasión según G. H. (1964)[2][editar]

  • Durante las horas de perdición tuve el valor de no componer ni organizar. Y sobre todo, el de no prever.
  • Y terminé siendo mi nombre. Es suficiente ver en el cuero de mis valijas las iniciales G.H., heme ahí. De los otros tampoco exigía más que la primera cobertura de las iniciales de los nombres.
  • Ya se estaban produciendo entonces en mí, y yo todavía no lo sabía, las primera señales de hundimiento de cavernas calcáreas subterráneas, que se derrumbaban bajo el peso de camadas arqueológicas estratificadas -y el peso del primer hundimiento hacía caer las comisuras de mi boca, me dejaba con los brazos caídos.
  • Entonces, antes de entender, mi corazón se puso blanco como se ponen los cabellos.
  • Por la lentitud y el tamaño, era una cucaracha muy vieja. En mi arcaico horror por las cucarachas aprendí a adivinar, aún a la distancia, sus edades y peligros; incluso sin haber encarado nunca realmente a una cucaracha conocía sus procesos de existencia.
  • El enorme miedo me penetraba toda. Vuelta dentro de mí, como un ciego ausculta su propia atención, por primera vez me sentía toda obligada por un instinto. Me estremecí de un gozo extremo, como si finalmente estuviese observando la grandeza de un instinto que era malvado, total e infinitamente dulce -como si finalmente experimentase, y en mí misma, una grandeza mayor que yo. Me embriagaba por primera vez de un odio tan límpido como el de una fuente, me embriagaba con el deseo, justificado o no, de matar.

Referencias[editar]

  1. Ed. Siruela, 3ra ed. 2005, Traducción por Basilio Losada
  2. Ed. El Cuenco de Plata - 1ra ed. - Buenos Aires, 2010. Traducción por Mario Cámara