Aleksandr Solzhenitsyn

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Алекса́ндр Иса́евич Солжени́цын
Aleksandr Isáyevich Solzhenitsyn
«Me detuvieron por culpa de mi ingenuidad. Yo sabía que en las cartas del frente se prohibía hablar de los secretos militares, pero creía que estaba permitido pensar».[1]
«Me detuvieron por culpa de mi ingenuidad. Yo sabía que en las cartas del frente se prohibía hablar de los secretos militares, pero creía que estaba permitido pensar».[1]
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Aleksandr Isáyevich Solzhenitsyn (en ruso, Алекса́ндр Иса́евич Солжени́цын, n. Kislovodsk, Rusia, el 11 de diciembre de 1918 — m. Moscú el 3 de agosto de 2008) fue un escritor, historiador y Premio Nobel de Literatura ruso (Archipiélago Gulag, 1970).

Citas[editar]

  • «Cuando la vida se teje con estambres legalistas surge una atmósfera de mediocridad moral que paraliza los más nobles impulsos humanos».
    • Fragmento de A World Split Apart, discurso que pronunció en la Universidad de Harvard el 8 de junio de 1978.[2]
    • Vídeo de la conferencia.
  • «El escritor ha de estar dispuesto a soportar la injusticia, y en eso está el riesgo de su misión».[3]
  • «Me detuvieron por culpa de mi ingenuidad. Yo sabía que en las cartas del frente se prohibía hablar de los secretos militares, pero creía que estaba permitido pensar».[1]
  • «Sin el toque del aliento de Dios, sin restricciones en la conciencia humana, tanto el capitalismo como el socialismo son repulsivos».
    • Original en inglés en su entrevista con Joseph Pearce en 2003: "Untouched by the breath of God, unrestricted by human conscience, both capitalism and socialism are repulsive."
  • «No tengo ninguna esperanza en Occidente, y ningún ruso debería tenerla... La excesiva comodidad y prosperidad han debilitado su voluntad y su razón».[4]
  • «Produce náuseas por su extremado naturalismo y la tendencia a inculcar todos los miedos posibles e imaginables; sin embargo, su idea fundamental no es clínica sino social, y esto es precisamente lo que no se puede aceptar».[5]
  • «Sus progresistas llaman dictadura al régimen vigente en España. Hace diez días que yo viajo por España y he quedado asombrado. ¿Saben ustedes lo que es una dictadura? He aquí algunos ejemplos de lo que he visto. Los españoles son absolutamente libres para residir en cualquier parte y de trasladarse a cualquier parte de España. Nosotros, los soviéticos, no podemos hacerlo. Estamos amarrados a nuestro lugar de residencia por la propiska (registro policial). Las autoridades deciden si tengo derecho a marcharme de tal o cual población. También he podido comprobar que los españoles pueden salir libremente al extranjero. Sin duda saben ustedes que, debido a fuertes presiones ejercidas por la opinión mundial y por los Estados Unidos, se ha dejado salir de la Unión Soviética, con no pocas dificultades, a cierto número de judíos. Pero los judíos restantes y las personas de otras nacionalidades no pueden marchar al extranjero. En nuestro país estamos como encarcelados.
    Paseando por Madrid y otras ciudades, he podido ver que se venden en los kioscos los principales periódicos extranjeros. ¡Me pareció increíble! Si en la Unión Soviética se vendiesen libremente periódicos extranjeros, se verían inmediatamente decenas y decenas de manos tendidas, luchando por procurárselos.
    También he observado que en España uno puede utilizar libremente máquinas fotocopiadoras. Cualquier individuo puede fotocopiar cualquier documento depositando cinco pesetas en el aparato. Ningún ciudadano de la Unión Soviética podría hacer una cosa así. Cualquiera que emplee máquinas fotocopiadoras, salvo por necesidades de servicio y por orden superior, es acusado de actividades contrarrevolucionarias.
    En su país —dentro de algunos límites, es cierto— se toleran las huelgas. En el nuestro, y en los sesenta años de existencia del socialismo, jamás se autorizó una sola huelga. Los que participaron en los movimientos huelguísticos de los primeros años de poder soviético fueron acribillados por ráfagas de ametralladoras, pese a que sólo reclamaban mejores condiciones de trabajo. Si nosotros gozásemos de la libertad que ustedes disfrutan aquí, nos quedaríamos boquiabiertos.
    Hace poco han tenido ustedes una amnistía. La califican de “limitada”. Se ha rebajado la mitad de la pena a los combatientes políticos que habían luchado con las armas en la mano (se refiere a los terroristas). ¡Ojalá a nosotros nos hubiesen concedido, una sola vez en veinte años, una amnistía limitada como la suya! Entramos en la cárcel para morir en ella. Muy pocos hemos salido de ella para contarlo».
    • Declaraciones en Televisión Española durante su visita a España en 1976.[6]

Citas sobre Aleksandr Solzhenitsyn[editar]

  • La extraordinaria hazaña política e intelectual de Solzhenitsyn fue emerger del infieron concentracionario para contarlo... en unos libros cuya fuerza documental y moral no tiene paralelo en la historia moderna.
    • Mario Vargas Llosa, en la reseña de Archipiélago Gulag I: Ensayo de investigación literaria (1918-1956) (2005), Tusquets Editores.

Referencias[editar]