Al faro

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Al faro (1927) es una novela de Virginia Woolf.

Citas[editar]

  • Todo es efímero como el arco iris
  • Hay que darse cuenta del contraste que existe entre estas cosas (las reales), y las que piensa él.
  • Igual que después de un sueño uno advierte una sutil mudanza de la persona con la que se ha soñado.
  • Por eso consciente de lo que les esperaba – ambiciones, amores, desgarradora soledad en lugares sin aliciente-, se preguntaba tantas veces porqué tendrían que crecer y perder todo aquello. [...] qué tontería, serían totalmente felices.
  • Convencido como estaba de que todo era una pura calamidad, tal idea no pareciera deprimirle sino, por el contrario, levantarle la moral.
  • Y de nuevo volvió a sentirse sola ante la presencia de su eterna antagonista: la vida.
  • Y de nuevo volvió a sentir que la vida volvía a tener suficiente fuerza para arrastrarla y hacerle reemprender sus tareas, de la misma manera que el marinero ve, no sin cierto tedio, cómo el viento vuelve a henchir su vela pero no siente el deseo de irse otra vez, y piensa que si el barco se hundiera, bajaría con él girando y girando hasta encontrar descanso en el fondo del mar.
  • Si se atuvieran a la propia experiencia, sentirían siempre que eso no es lo que quieren, que no hay nada más aburrido y pueril e inhumano que el amor, pero, que al mismo tiempo, es bello y necesario
  • No hizo más que marcharse y sobrevino una especie de desintegración.
  • Esa especie de comunión con los sentimientos ajenos que a veces aportan ciertas emociones,... como si los tabiques de separación se hubieran adelgazado tanto que ya todo pertenecía a la misma corriente.
  • Eran cosas de las que ella no entendía nada, pero su marido tenía la pasión de perseguir la verdad, era su manera de ser.
  • A él le resultaba mucho más fácil expresarse que a ella. Sabía decir las cosas, ella no sabía, (...) era una incapacidad para decir lo que sentía (...) sabía que la estaba mirando, y sabía lo que estaba pensando: Estás más hermosa que nunca (...) pero ella no le podía decir que le quería, no sabía decirlo. Pero como sabía lo que le estaba pidiendo se volvió hacia él con el calcetín en la mano, y en vez de decirle nada, lo miró de frente; y según le miraba comenzó a sonreír, para que él supiera con aquella mirada, como lo supo, que le quería.
  • ¡Qué fuerza tiene el alma humana!- pensó Lily; la presencia de la señora Ramsay simplificaba la complejidad de todas las cosas.
  • Recordó a su padre diciendo “Lloverá, no podréis ir al faro”.