Age of Empires II
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Age of Empires II: The Age of Kings es un juego de estrategia en tiempo real para computadora desarrollado por Ensemble Studios y Microsoft. Se ambienta durante la Edad Media. Además, posee un paquete de expansión, The Conquerors Expansion.
Tabla de contenidos |
[editar] Campañas de Age of Kings
[editar] Campaña de William Wallace
[editar] Marchar y luchar
- "No tenemos un líder. El rey de Escocia ha muerto y no tiene herederos. La guerra se acerca por el sur, desde donde Eduardo el Zanquilargo, el avaricioso rey de Inglaterra, ha vuelto de sus victoriosas campañas en las que ha conquistado Gales y Francia. Ahora que dirige su atención hacia Escocia, la sombra del miedo atraviesa las montañas de las tierras altas de Escocia. Las tropas inglesas cuentan con miles de arqueros galeses, cientos de guerreros a caballo y docenas de armas de asalto. Nosotros, los escoceses, sólo tenemos un grupo de soldados sin entrenamiento que ni siquiera saben desfilar en línea recta. Debemos actuar rápidamente. Si tenemos una oportunidad de resistencia, debemos formar un ejército cueste lo que cueste".
- "Escocia ya cuenta con algunos soldados, pero si queremos hacer frente a las ambiciones de Eduardo el Zanquilargo, necesitaremos muchas más tropas... y mucho más oro en nuestros cofres. Los ancianos robles y piedras que nos rodean estarán pronto manchados por la sangre de los hombres de nuestros clanes."
[editar] Alimentar al ejército
- "Un ejército avanza al ritmo de su estómago, o eso dice un viejo refrán. Los hombres de nuestros clanes se han dedicado a la agricultura y al pastoreo de ovejas durante años, pero conseguir suficiente comida para alimentar a un ejército es mucho más complicado. Sin una economía fuerte, las magras tropas que hemos reunido se desintegrarán otra vez".
- "Eduardo el zanquilargo, a pesar de su mala reputación, ha demostrado en Gales, Inglaterra y Francia que sus tácticas militares son muy efectivas, aunque también crueles y despiadadas. Es un enemigo a quien debemos temer. Los ingleses han saqueado la ciudad de Berwick-upo-Tweed. Podría llamarlo batalla, pero fue más bien una masacre. Hasta que no organicemos nuestro ejército, continuarán estas derrotas. Rezo para que estemos preparados cuando llegue el Zanquilargo".
[editar] Entrenar las tropas
- "En los pueblos de las tierras altas, se habla con preocupación de las escaramuzas entre Escocia e Inglaterra. Esta semana hemos perdido la ciudad de Dumbar. Los defensores escoceses rompieron filas y huyeron. Los ingleses tienen un ejército más poderoso y mejor preparado. Para enfrentarnos a ellos, necesitamos reclutar a mucha más gente que aprenda a manejar la lanza, la espada o el arco. Debemos convertir a estos pastores en soldados."
- "Ahora que tenemos milicias estacionadas en la frontera, los ingleses han disminuido el ritmo de sus ataques. Pero enfrentarnos al ejército del Zanquilargo es harina de otro costal. El malvado rey inglés todavía no ha hecho uso de sus famoso arqueros. Nuestras milicias no podrán hacer nada frente a ellos. Vamos a necesitar armas más avanzadas.
[editar] Desarrollo y tecnología
- "Desde el sur llegan rumores de un gigante que comanda las tropas de Escocia, y que con su enorme espada se abre paso por igual entre hombres y caballos. Si este mítico caballero puede detener durante algún tiempo el ataque de los ingleses, tendremos tiempo de fabricar las armas que necesitamos. Nuestros herreros están forjando espadas y los carpinteros hacen flechas y venablos."
- "El Zanquilargo ha invadido y saqueado la ciudad de Perth, y lo que es peor aún, ha capturado la legendaria Piedra de la Coronación y se ha autoproclamado rey de Escocia. Si no podemos conseguir una victoria pronto, las tropas escocesas estarán demasiado desmoralizadas para oponer ninguna resistencia. Si ese mítico gigante escocés existe, espero que venga con sus tropas hasta Stirling donde tendrá lugar la próxima batalla."
[editar] La Batalla de Stirling
- "Ya hemos dejado atrás las pequeñas escaramuzas. Ahora nos preparamos para la guerra. El villano, el Zanquilargo, está preparado para cruzar el río Forth y amenaza la ciudad de Stirling con un ejército de hombres de infantería, caballería pesada y una multitud de arqueros. Nuestro ejército, recientemente formado, se dirige hacia el sur para fijar nuestra base y atacar a los ingleses antes de que puedan preparar sus tropas."
- "Stirling fue nuestra primera gran victoria. Mientras defendíamos la orilla llegó a nosotros la noticia de que el puente de Stirling estaba en manos de tropas escocesas lideradas por el mítico caballero de quien tantos han hablado. Ahora conocemos su nombre: Sir William Wallace, el Martillo de los Ingleses. Eduardo el Zanquilargo dice que Wallace es un traidor y un criminal, pero Sir William responde que no puede ser un traidor porque nunca ha jurado lealtad a un rey inglés. Con Wallace al mando de nuestros ejércitos, los hombres luchan con un vigor renovado. Quizá vaya a cambiar la suerte..."
[editar] Forjar una alianza
- "Tras la batalla de Stirling, nuestros cofres vuelven a estar vacíos, por lo que necesitamos fortalecer nuevamente nuestra economía antes de dirigirnos al sur, a las tierras tomadas por los ingleses. Necesitamos construir un mercado y crear rutas de comercio con los pueblos de los clanes amigos. Una vieja leyenda local cuenta que hay tres reliquias sagradas escondidas al sur de Stirling. Si obtuviéramos estos objetos para el ejército de Wallace, la moral escocesa mejoraría mucho."
- "Una vez que las tres reliquias sagradas están a salvo en iglesias escocesas, los hombres afirman que hemos sido bendecidos por los cielos. Ahora nuestro ejército cuenta con una oportunidad y nos preparamos para el enfrentamiento final con los ingleses. Escocia ya tiene arqueros y caballeros para enfrentarnos a los del Zanquilargo. Nos dirigimos al sur, hacia Falkirk, donde nos encontraremos con el ejército de William Wallace y planearemos nuestro ataque conjunto al castillo inglés."
[editar] La batalla de Falkirk
- "La única manera de defender las pantanosas tierras bajas de los alrededores de Falkirk es construir un castillo y todas las murallas que podamos en poco tiempo. Estas fortificaciones protegerán nuestro campamento mientras fabricamos armas de asedio con las que atacar el castillo inglés. Cuando nuestra fortificación esté construida, Wallace en persona ha prometido unirse a nuestras tropas para atacar juntos al rey inglés y sus tropas".
- "Parecía seguro que seríamos derrotados en Falkirk. Sin embargo, de alguna manera, y a pesar de ser diezmados por los arqueros ingleses, salimos victoriosos. Se destruyó el castillo y fue erigido uno escocés en su lugar. William Wallace nos ha mostrado el camino de la victoria. Aunque él es sólo un hombre inspira en los demás grandes acciones, y muchos de los príncipes y nobles escoceses han unido sus espadas a la suya. La espada de Wallace es un monstruo de más de metro y medio que ha sido forjada, por supuesto, en Escocia. Wallace ha jurado que no descansará hasta cortar con ella el cuello de Eduardo el Zanquilargo. La lucha continúa, pero hemos aprendido las tácticas de la guerra. ¡Le ha llegado a los ingleses el momento de temblar!"
[editar] Campaña de Juana de Arco
[editar] Un improbable mesías
- "Del diario de Guy Josselyne. 19 de febrero, campamento próximo a Vaucouleurs. Esta mañana me despertaron visiones de fuego y acero. Las pesadillas se repiten más a menudo ahora que he visto a mi amada Francia devorada por años de guerra. Deambulaba por el campamento ignorando la nieve que caía, observando las heridas y el cansancio de cada uno de mis soldados, viendo la desesperación en sus ojos. Fue entonces cuando vi a la chica por primera vez. Nos dijo que se llamaba Juana y que sólo era una campesina que no sabía luchar ni montar a caballo. Pero afirmó que tenía la intención de liberar Francia. La oscuridad brotaba de las almas de los hombres. Su voz vibraba con convicción y nos bebíamos cada una de sus palabras. Puedo haber perdido mi fe, pero Juana no ha perdido la suya, y eso es suficiente para mí. Juana ha pedido a nuestra abatida tropa de soldados que la lleve a Chinon, donde se esconde de sus enemigos el legítimo soberano de Francia, el Delfín. Las tierras que tenemos que atravesar están arrasadas por la guerra y plagadas de bandidos... perderemos muchos hombres. Para nosotros la muerte es ya una vieja compañera, pero por Juana nos enfrentaremos una vez más a ella".
- "Mientras el eco de las pisadas de Juana era lo único que se oía sobre el vestíbulo de mármol del castillo, los obesos duques no hacían otra cosa que mirar. Hasta el propio Delfín parecía asustado cuando Juana se inclinó a besar sus pies. "Mi querido Delfín," le preguntó, "¿por qué Inglaterra reclama lo que nos pertenece? ¿Por qué no eres coronado rey de Francia, como es tu derecho?" Los cortesanos empezaron a murmurar. El ayuda de cámara susurró unas mentiras al oído del Delfín. Pero éste apartó a su ayudante y se levantó para encontrarse con la mirada de Juana. Es más pequeña que el más bajo de entre nosotros, pero todos tenemos que levantar la mirada para hablar con ella. No sé qué conversación silenciosa se produjo entre el Delfín y la que sería su salvadora, pero estaba claro que Su Majestad estaba tan apresado por ella como nosotros".
[editar] La doncella de Orleans
- "26 de marzo, Chinon. Una cosa es que una banda de soldados desesperados ponga su confianza en una joven. Otra muy diferente, que a esa joven se le otorgue el mando del ejército de una nación entera. Cuando oímos proclamar a los heraldos del rey que Juana la Doncella había sido proclamada Comandante en Jefe del Ejército de Francia, nos llenamos de orgullo. El Delfín ofreció a Juana un magnífico corcel y una armadura blanca para que tuviera el porte de un general. Juana me ordenó buscar una vieja espada enterrada bajo el altar de una iglesia de los alrededores. A pesar de mi escepticismo, mis hombres desenterraron una hoja oxidada que, además, resultó haber pertenecido a Carlomagno, el patriarca de Francia. No volveré a dudar de su palabra. En la empuñadura todavía era visible la flor de lis. Juana la adoptó como emblema y mandó que la grabaron en su estandarte de batalla. El estandarte va con ella a todas partes. Lo llevamos con nosotros a Orleáns. La ciudad de Orleáns es una de las principales de Francia, pero ha sido asediada por nuestros enemigos, Inglaterra y Borgoña, y está a punto de ser tomada. Esta guerra se ha prolongado durante cien años, con contadas victorias francesas. El pueblo de Orleáns necesita un salvador. Necesita la ayuda de Juana de Arco".
- "Juana profetizó que iba a ser herida en Orleáns. En plena batalla, el disparo de una ballesta la derribó de su caballo. No podíamos creer nuestra mala suerte. Aún así, mientras retirábamos a Juana de esa carnicería, ganábamos la batalla. Orleáns había sido liberada. Cuando entramos a la ciudad, la población entera nos aclamaba desde las ventanas, tejados y calles. Disparaban su artillería hacia el oscuro cielo mientras gritaban el apodo de Juana: "La Pucelle", la Doncella de Orleáns".
[editar] La limpieza del Loira
- "14 de junio, Orleáns. La reconquista de Orleáns por nuestro ejército ha significado un retroceso para nuestros enemigos, pero no de gran importancia. Los ingleses todavía poseen la mitad de Francia. Desafortunadamente, hemos perdido el tiempo durante semanas mientras los consejeros del Delfín discuten. Juana se irritó por el retraso y reunió a su ejército. No habla de otra cosa que de su misión de expulsar a los ingleses hasta el mar. La fuerza de voluntad de Juana es titánica. Ha reunido bajo su estandarte a bandidos y charlatanes y los ha convertido en patriotas y héroes. Entre ellos se encuentra un hombre llamado La Hire. Un gigante vestido con una malla plateada, que anima a los hombres con sus juramentos y con sus puños. En Patay, La Hire podrá romperle el cuello a montones de ingleses. Patay es el camino de acceso al valle del río Loira. Los ingleses mantienen el Loira en un puño de acero, mientras un enorme ejército mandado por Sir John Falstolf devasta los campos. Juana nos guía hasta Patay para tomar los castillos ingleses. Pero debemos evitar enfrentarnos al ejército de Falstolf hasta que seamos lo bastante fuertes como para enfrentarnos a sus veteranos soldados".
- "Después de Patay, se rompió el mito de la invulnerabilidad británica. Ahora, nuestro ejército sabe que puede ganar, pero sólo si somos hábiles y audaces. Los ingleses son un enemigo realmente mortífero, pues la puntería y velocidad de sus arqueros ha diezmado muchas cargas de los caballeros franceses. Para empeorar las cosas, sabemos que nos enfrentamos a enemigos por ambos frentes. Los consejeros del Delfín dedican cada vez más tiempo a sus confabulaciones, celosos de la influencia de Juana en la corte. Rezo porque Juana pueda completar su misión divina antes de que los envidiosos consejeros del rey la traicionen."
[editar] La ascensión
- "25 de junio, Orleáns. La moribunda Francia está volviendo a la vida. Nuestro ejército crece con los nuevos reclutamientos. Antes, los hombres sólo juraban lealtad a sus señores. Ahora no luchamos por señores y damas insolentes, sino pro Francia. Para todos nosotros, Juana es Francia: no hay diferencia entre ambas. El Delfín en persona ha llegado a Orleáns. Nunca había visto una celebración parecida. Francia necesita un rey, por lo que debemos escoltar al Delfín hasta Reims, donde será coronado. Pero la ciudad de Reims está peligrosamente amenazada por el ejército anglo-borgoñón. Además las ciudades de Troyes y Chalon bloquean el camino. Juana ordena la liberación de las tres ciudades antes de la ceremonia de coronación, y nosotros esperamos ansiosamente la lucha".
- "Cuando entramos en Reims, una multitud de campesinos y señores se arrodillaron ante Juana. Algunos se arrodillaban incluso para besar las huellas que iba dejando su caballo. Los cañones tronaban y miles de banderas ondeaban al viento. En el enorme palacio, el Delfín se postró ante el arzobispo y se levantó convertido en Rey de Francia. El inmenso castillo resonaba de oraciones, himnos y sermones. Los andrajoso soldados de nuestro ejército, muchos de ellos todavía heridos, se mezclaban con los perfumados duques y sus damas. Juana estaba junto al Rey, lo mismo que su ajado estandarte de batalla. A pesar de tanta celebración, en mi interior sé que todavía falta mucho para que termine esta guerra. Nuestros padres y abuelos murieron luchando contra los ingleses. Juana nos da esperanzas pero no sé si la esperanza bastará para asegurar la victoria."
[editar] El asedio de París
- "3 de septiembre, Reims. Francia vuelve a tener Rey. Sin embargo, a medida que aumenta la influencia de Juana en el pueblo, crecen los celos en la corte. Los malvados consejeros del Rey quieren acabar con Juana. Es sólo cuestión de tiempo que consigan envenenar la mente del monarca. Juana debe darse prisa en cumplir su misión. París, la joya de Francia, ha estado bajo la tiranía inglesa desde hace décadas, y los patriotas franceses atrapados en la ciudad están ansiosos por escapar. Avanzamos ahora hacia París, con la esperanza de que los refuerzos que nos prometieron lleguen a tiempo."
- "Tragedia. Mientras los refugiados entraban en el castillo de Compiegne, Juana quedó atrapada fuera. Los soldados borgoñones la derribaron de su caballo y desfilaron exhibiendo a su prisionera. Ninguno de nosotros puede dormir sabiendo que nuestra amada Juana de Arco languidece en una prisión borgoñona. Los soldados se quedan mirando al cielo amenazador , culpándose de no haber podido salvarla... de no haber podido salvar a Francia. París fue la primera gran derrota de nuestro ejército. Si el soberano hubiese enviado los refuerzos prometidos habríamos tomado la ciudad. Nos enfrentamos a la hora más oscura de Francia."
[editar] Un mártir perfecto
- "14 de julio, Burdeos. Juana de Arco ya no existe. El mundo, que estaba lleno de cosas preciosas, está ahora vacío y es miserable. Los ingleses la juzgaron por hereje. Pero la mente de Juana estaba tan afilada como su espada y supo evitar todas las ingeniosas trampas de sus acusadores. Juana no renunció a su misión ni siquiera en sus últimos momentos. Pero los ingleses la declararon culpable... y la quemaron en la hoguera. Más su muerte no ha sido inútil. "La Pucelle" es el grito de guerra unánime que campesinos y nobles claman al tomar las armas. Mi ejército es un ejército de valientes, e incluso sin el rey tenemos la intención de atacar la fortaleza inglesa de Castillon. Una victoria en Castillon acabaría para siempre con las pretensiones inglesas en Francia. Si muero en esta batalla lo haré por la Doncella de Orleáns. Moriré como un patriota de Francia."
- "En poco más de un año, una joven puso fin a un siglo de esfuerzos, sangre y victorias inglesas. La Guerra de los Cien Años ha terminado. Y lo que es más importante, las acciones de Juana avivaron la llama del nacionalismo francés. Campesinos y nobles ya no pertenecen a señores o a reyes, sino a Francia. No dejaremos que se olvide a Juana de Arco. Cientos de ciudades y pueblos de toda Francia han encargado su estatua o una vidriera con su imagen. Su veredicto de culpabilidad fue debidamente rectificado y, con posteridad, Juana de Arco fue beatificada. Unas veces, el desenlace de la historia está determinado por la furia de los combatientes, otras, por las circunstancias. Pero en el siglo XV, la historia de Francia cambió por la voluntad de una joven. La única persona en toda la historia que ha dirigido el ejército de una nación a la edad de diecinueve años."
[editar] Campaña de Saladino
[editar] Un caballero de Arabia
- "Egipto. Hace ya un mes que llegué a Tierra Santa... Estaba en tierras extranjeras, a punto de morir. Vagué por el frío desierto durante cuatro noches antes de que los arqueros me encontraran. Había abandonado mi montura, ahora carroña para los buitres, y mi armadura durante el calor del día. Como adversario, no les suponía ninguna amenaza. Pensé que eran turcos que habían venido a jugar con su presa. Pero cuando pude distinguirlos del borroso espejismo, me di cuenta de que eran sarracenos, los dueños de Oriente Medio. Había llegado a Tierra Santa con los cruzados de Francia y Normandía, por lo que era su enemigo de pleno derecho. Me dieron agua y un caballo escuálido y me llevaron ante su jefe. Así conocí a Saladino. En Europa, las pinturas muestran a Saladino como un ser demoníaco y bárbaro. Pero es más cortés que todos los guerreros que he conocido hasta ahora, y prefiere estar en sus palacios de Damasco que matando normandos en el desierto. No esperaba hospitalidad por parte de los sarracenos: los normandos, ejecutamos a cualquier árabe armado que capturamos. Pero Saladino me dejó libre en su campamento. Quizás desee la presencia de un observador objetivo que narre la prodigiosa carnicería que se avecina. El ejército de Saladino se dirige hacia el sur, a Egipto, para reforzar El Cairo. Egipto es una tentadora presa para los cruzados. Es increíblemente rico y su gobierno es poco eficaz. Antes de ser capturado, iba a unirme al ataque de los cruzados a Egipto. Es una amarga ironía que vea ahora el enfrentamiento desde el campo enemigo. Así fue como me encontré, a menos de ciento sesenta kilómetros del Mar Muerto, en compañía de mis enemigos."
- "Los francos se han dispersado y el ejército egipcio está acabado. Saladino ha tomado su lugar como gobernador del Nilo. Cualquier rey europeo aprovecharía esta oportunidad para eliminar a sus enemigos políticos. Sin embargo, Saladino ha permitido que abandonen la ciudad desarmados todos los egipcios que se oponen a su reinado. Saladino se ha propuesto ganarse a la población de El Cairo. Construye mezquitas y palacios, universidades y hospitales en la ciudad. Mis compatriotas, los hijos de Europa, en lo único que estaban interesados era en el pillaje, pero los sarracenos trabajan para dignificar su civilización. Es una situación turbadora que me dificulta el sueño".
[editar] Señor de Arabia
- "La ciudad santa de Medina. Año quince de mi captura... He llenado fatigosamente volúmenes con mi escritura. Saladino los lee raramente. Habla de acontecimientos más importantes que están todavía por llegar. Las fronteras políticas de este interminable desierto han cambiado como consecuencia de tres Cruzadas. Ahora existen en Tierra Santa cuatro estados que pertenecen a los cruzados. Tras la victoria sarracena en Egipto, los líderes cruzados comprendieron que Saladino era un motivo de preocupación. Y se apresuraron a proponerle un pacto. Esperaba que, ahora que la paz ya está entre nosotros, sería devuelto a los míos. Pero esta paz, que ha sido demasiado breve, ya se ha roto. Y no son los sarracenos, sino los cruzados, los que han faltado a su palabra de honor. Reinaldo de Chatillon, un malvado guerrero francés, ha seguido invadiendo territorios árabes a pesar del pacto. Ataca las caravanas de comerciantes y, sus barcos piratas amenazan las ciudades santas de Medina y La Meca. Saladino, furibundo, ha jurado matar a Reinaldo con sus propias manos".
- "Aunque todavía soy un prisionero, Saladino y sus generales cenan conmigo. Durante las comidas hablamos de matemáticas y astronomía. Nunca imaginé que una raza de hombres del desierto pudiera ser tan sabia. Bagdad, la capital sarracena, es la ciudad más civilizada del mundo, con hospitales gratuitos, baños públicos, un servicio postal y bancos con sucursales en lugares tan lejanos como China. Pero cuando hablamos, acabamos abordando inevitablemente el tema de la guerra. Los veleros piratas de Reinaldo se pudren ahora en el fondo del Mar Rojo. Sus ataques sorpresa han terminado. Reinaldo ha escapado, pero supongo que Saladino no perdonará ni olvidará."
[editar] Los Cuernos de Hattin
- "Galilea. Año veinte de mi captura. Anoche nos sorprendió una tormenta de arena. Los hombres no se atrevían a abrir la boca para hablar. Nos aferramos al cuello de caballos y camellos mientras olas de arena subían y bajaban a nuestro alrededor. Los sarracenos han perseguido a un gran destacamento europeo hasta el desierto. Los cruzados llevan con ellos una reliquia: un pedazo de la Santa Cruz. Si nos hacemos con este objeto, sería un duro golpe para la moral de los enemigos cristianos de Saladino. Le pregunté a Saladino por qué estábamos aquí, a kilómetros de la civilización y el agua. Y contestó "para traer una muerte roja a nuestros enemigos de ojos azules." El enorme ejército cruzado se ha detenido tras dos picos llamados los Cuernos de Hattin. En los cuernos sólo hay una fuente de agua, que controla Saladino. Por la noche los sarracenos salen y derraman enormes cantidades de agua en la arena a la vista de los europeos, que enloquecen de sed. Es una crueldad digna de... un cruzado."
- "Saladino ha tratado bien a sus prisioneros, proporcionándoles agua helada de las montañas y tiendas cómodas. Por primera vez en años he tenido la oportunidad de hablar con mis compatriotas. Pero no sabía qué decirle a estos... invasores. No todos los prisioneros fueron tratados tan dignamente. Reinaldo de Chatillon fue capturado aquí y, cumpliendo su promesa, Saladino le cortó la cabeza con su propia cimitarra. Es irónico que después de que los cruzados llegaran allí, los sarracenos se transformaran en el pueblo que parecía digno de la destrucción."
[editar] El asedio de Jerusalén
- "Jerusalén. Ya llevo con los sarracenos veinte años... El objetivo de Saladino es Jerusalén. La antigua gran ciudad es sagrada para el Cristianismo, el Judaísmo y el Islam, y es prácticamente la capital de Tierra Santa. Si alguien puede terminar como vencedor en este conflicto interminable, será el ejército que tome Jerusalén. Para complicar las cosas, Saladino está decidido a no dañar la ciudad. Si una simple urna sagrada es destruida, Saladino podría ser visto como un conquistador más, no como su libertador".
- "La última vez que entré en Jerusalén, como guerrero cruzado, tuve que vadear la sangre de las víctimas. Esta vez, ni un solo edificio fue dañado, ni ninguno de sus habitantes herido. Saladino liberó a casi todos los prisioneros. Los ciudadanos de Jerusalén aclamaron a Saladino como su salvador. Me ha ofrecido mi libertad, pero después de haber estado veinte años a su servicio, prefiero quedarme hasta el final".
[editar] ¡Jihad!
- "Tiberias, veinte años y medio de derramamiento de sangre. Nos encontramos lejos del mar, por lo que los sarracenos interpretan el olor a sal y la aparición de aves marinas como signos celestiales. Estoy sentado cerca de la tienda de Saladino, observando la carnicería que tiene lugar más abajo. Los arqueros sarracenos arrasan a una desorganizada banda de poblados europeos. Las grandes posesiones cruzadas han sido reducidas a endebles ciudades. Sólo Tiberiades, Tiro y Ascalón están todavía en manos de los cruzados. Pero estas tres ciudades están muy bien fortificadas y podrían aguantar cualquier asedio. Saladino ha obtenido muchas victorias en el desierto, pero los castillos de los cruzados son imponentes. Si consigue la victoria ahora, Tierra Santa volverá a pertenecer a los sarracenos. Una derrota podría significar interminables décadas de matanza".
- "En otra época me sorprendía la nobleza de los guerreros sarracenos. Hace sólo algunos años iban a la guerra como caballeros, llevando con ellos cofres de tesoros, vino, bailarinas y colecciones de palomas, ruiseñores y periquitos. Eso se acabó. Como consecuencia del fanatismo y la hostilidad europeas, los sarracenos se han vuelto duros y están más sedientos de sangre. Su amor por el arte ha sido sustituido por el amor a la guerra. Como respuesta a las Cruzadas, ahora han adoptado el principio de la Jihad. El efecto ha sido devastador para los Cruzados. La presencia europea en Tierra Santa había llegado a su fin. O eso creía todo el mundo".
[editar] El león y el demonio
- "La Ciudad de Acre. Llevo al lado de Saladino casi veintiún años. Cuando las noticias de la victoria sarracena de Jerusalén llegaron a Europa, se inició otra Cruzada. Los reyes de las tres ciudades más poderosas de Europa -Inglaterra, Francia y el Sacro Imperio Romano- enviaron a Tierra Santa cientos de miles de cruzados. Saladino sabe que su enemigo más peligroso es el inglés Ricardo Corazón de León, un brillante estratega que aprendió el arte de la guerra luchando contra su propio padre. Construye fortalezas colosales y siempre lucha en primera línea: el ideal de un guerrero romántico. El ejército de Ricardo ha desembarcado cerca de Acre. Muchos de los hombres de Saladino están atrapados en la ciudad, cuyas murallas son golpeadas por dos monstruosas catapultas. Si Ricardo vence aquí a nuestro ejército, no encontrará resistencia para tomar Jerusalén. Saladino sabe que está en el momento culminante de su Jihad. Todos los estados cruzados han sido recuperados . Si los sarracenos consiguen defender Acre, los europeos se verán obligados a volver a su casa. Si toman Acre, empezará una vez más la pesadilla de siglos de eterna guerra, de ataques y contraataques. Las victorias de Saladino habrán sido en vano".
- "El primer año de mi libertad. La lucha ha terminado. El fuego de conquista de Ricardo se ha apagado. Los dos respetados adversarios han empezado a hablar, finalmente, de paz. La guerra no es propicia para la salud de los hombres. Ricardo enfermó con fiebre. Como Saladino respeta a su enemigo, le envió fruta y nieve de las montañas para fortalecerle. Al poco tiempo Ricardo se embarcó con rumbo a Inglaterra. La Tercera Cruzada había llegado a su fin. El acuerdo final fue firmado el 2 de septiembre de 1192. Según sus términos, Jerusalén permanece en manos sarracenas, pero se debe permitir a los peregrinos cristianos que visiten los lugares sagrados, con libertad y seguridad. Parece un compromiso adecuado para una guerra librada por la religión y la tierra. La guerra ha terminado pero creo que nunca volveré a Normandía. Quiero ver las fundiciones de acero de Damasco y los jardines del Califa en Bagdad. Todavía no he visto el poderoso Krak de los Caballeros, la que fue la fortaleza de los caballeros templarios. Hay lugares extraordinarios en Tierra Santa y puedo pasar aquí toda una vida. La paz reina en Tierra Santa... de momento. Desafortunadamente, en un territorio tan pequeño, que alberga tantas culturas diferentes y que es cuna de tres de las más grandes religiones del mundo, sospecho que la sangre volverá a manchar la arena algún día."
[editar] Campaña de Genghis Khan
[editar] Crisol
- "Un lobo azul tomó por esposa a una gama. Se asentaron en el nacimiento del Río Onon para criar a su prole. Y así nacieron los mongoles. Así empieza el trabajo de mi vida. La Historia Secreta de los Mongoles. He sido elegido para narrar esta hazaña porque están a punto de producirse acontecimientos importantes. Nos vamos de Mongolia. Siempre he vivido en esta yerma, seca e interminable estepa. Aquí las tribus se pelean como buitres por el cuerpo desecado de una marmota. Se lucha porque los recursos naturales son limitados: agua escasa, pocos árboles, hierba insuficiente para que pasten nuestros rebaños. Un hombre inteligente y peligroso, llamado Temujin, quiere cambiar todo esto. Dice que para que el conflicto entre las tribus termine, los mongoles sólo necesitamos dos cosas. La primera, pastos verdes para nuestros rebaños. Si hubiera más pastos para repartir, habría menos competencia entre las tribus. En segundo lugar, como somos una nación de guerreros, dice que necesitamos un enemigo común contra quien batirnos. Para cubrir ambas necesidades, Temujin ha ideado el más modesto de los planes: unir a las tribus y declararle la guerra a cualquiera que se cruce en nuestro camino. "¿Pero cómo?", le hemos preguntado. "¿Cómo pueden unos nómadas a caballo que viven en tiendas de fieltro embarcarse en una campaña de conquista del mundo?" Temujin ha respondido que no lucharemos como guerreros, sino como un ejército unificado. No lucharemos para tener gloria, sino por la gloria de Mongolia. Y con esas palabras, el nombre de Temujin ha pasado casi al olvido. Su nombre ha sido reemplazado por un título: El Gran Khan. Genghis Khan".
- "Casi todas las tribus mongolas se han unido bajo el mando de Genghis Khan. Los jefes que rechazaron la unión han sido hervidos vivos. Cada día hay nuevos rostros que toman el arco, manos hasta ahora desconocidas que toman las Nueve Tiras de pelo de yak que se ha convertido en el emblema de Genghis. Hay más hombres y caballos reunidos en el campamento de los que nunca imaginé que pudieran existir. Arqueros a caballo y lanceros, hombres con corazas de cuero y armadura de seda, todos levantan la cabeza hacia la plataforma desde donde Genghis habla. El Gran Khan se llama así mismo el castigo de Dios. Los hombres sonríen como lobos hambrientos. Es el amanecer del primer día del Imperio Mongol."
[editar] Una vida de venganza
- "El invierno ha llegado a las estepas. La tierra está helada y dura como el hueso, y el único movimiento que se observa es el resuello que sale de narices de hombres y caballos. Sólo la promesa de una batalla les da calor. Prácticamente todas las tribus de Mongolia siguen ahora a Genghis Khan. Pero con el éxito también llegan los enemigos. Un hombre llamado Kushluk ha puesto en duda el derecho de Genghis a gobernar. Kushluk siembra la discordia en la tribu de los khitán y pretende ser proclamado como un Khan rival. Genghis no puede permitir que esta desobediencia quede impune. Necesita que cunda el ejemplo. Así que nos dirigimos hacia el oeste para encontrar y matar a Kushluk. Si la tribu de los khitán le protege, también sus vidas serán sacrificadas."
- "Genghis Khan sabe que existen otras armas además de la lanza y el arco. Es un maestro de la guerra psicológica. Por la misma razón que ha acabado con Kushluk, para que cunda el ejemplo, arrasa las tierras de sus enemigos. Cuando encontramos un nuevo adversario, el Gran Khan no perdona vida alguna. Vamos hasta la ciudad más próxima, arrasamos todo lo que se mueve, quemamos la ciudad, sembramos los campos de sal y hacemos una montaña con los cráneos de nuestros enemigos. Después de eso, el resto de las ciudades se apresuran a enviarnos sus emisarios, ansiosos por aplacar a las voraces hordas mongolas."
[editar] Hacia China
- "Ya toda Mongolia está bajo el poder de Genghis Khan. Más allá hay dos vastos imperios: China hacia el este y Persia hacia el oeste. Persia sería la siguiente opción lógica de batalla, ya que nos separa de los ricos pastos de Europa. Pero, una vez que nos alejamos de China, decidieron no enviar los hombres y las armas que habían prometido a Genghis. Es el momento de otra demostración. Persia puede esperar. Mientras tanto, la horda se dirige nuevamente al este y nos preparamos para invadir China, el imperio más grande y más avanzado del mundo".
- "Fue una gloriosa... carnicería. Durante años, los visitantes de China quedarán asombrados por la montaña de esqueletos humanos y equinos que hemos erigido. Las hordas lograron una gran recompensa por su invasión a China: la tecnología. Ahora poseemos los conocimientos y el equipo necesario para construir armas de asalto. Haremos reventar los castillos persas y europeos para alcanzar las partes más debilitadas de su interior. Genghis está satisfecho de nuestro progreso y de la herencia que deja tras él. Su madre tuvo que comer una vez cebollas silvestres y roedores para no morir de hambre. Pero los hijos y nietos de Genghis comerán en platos de oro persas."
[editar] La horda viaja al Oeste
- "Dormir en la silla de caballo, beber agua de lluvia, comer sólo carne seca desecada y sangre de caballo. Así es la vida de un mongol en guerra. Por la noche nos recompensan con leche de yak fermentada y la promesa de los tesoros persas. Impulsados por las palabras del Gran Khan, hemos cruzado al galope kilómetros del continente asiático. Frente a nosotros se encuentra el vasto imperio de Persia. Le daremos al Khwarazm Sha otra oportunidad de someterse y, luego, sus ciudades serán destruidas piedra a piedra. Pero no todos nos dirigimos a Persia. Genghis ha enviado a Subotai Ba'atur, de la horda de los renos en dirección norte hacia Rusia. Los territorios rusos están desorganizados y Genghis espera que Subotai pueda someterlos uno a uno. Y entonces, los límites de Mongolia abarcarán toda Asia."
- "Los persas contaban con un ejército de casi medio millón de hombres, pero fueron batidos por el ejército mongol, que tenía menos de la mitad. Los gobernadores de las ciudades periféricas fueron ejecutados derramándoles plata fundida en ojos y gargantas. La ciudad capitalina de Samarcanda, que se suponía que soportaría nuestro asedio durante un año, cayó en cinco días. Hacíamos montañas diferentes con los cráneos de hombres, mujeres, niños, caballos, perros y gatos. Vagábamos por las calles asombrados de la opulencia de los persas, bebiendo en sus fuentes y regalándonos con zumos y frutas. Para hombres que habían nacido en una tienda, era como si Genghis Khan hubiera abierto las puertas del mismísimo cielo. Rusia y Mesopotamia estaban ya a nuestras órdenes. El imperio abarcaba ahora más de 11.000 kilómetros, desde el Océano Pacífico al Mar Negro. Estábamos a punto de entrar en Europa cuando ocurrió la tragedia."
[editar] La promesa
- "Los lobos viejos no tienen una muerte fácil. Tras una vida de lucha, no saben cómo vivir cuando envejecen y pierden sus colmillos. Lo mismo ocurre con los mongoles. Genghis Khan tenía ya ochenta años. La noche que supimos que nuestra gloriosa conquista iba a llegar a su fin, Genghis llamó a sus hijos a su tienda. Allí encontraron a su padre temblando frente al fuego, delirando de dolor. "Mis descendientes de adornarán con oro," decía, "comerán las mejores carnes, y montarán los mejores caballos... y olvidarán a quién se lo deben todo. Una hazaña no es gloriosa hasta que se ha completado". Y se negó a morir hasta que Ogatai, su tercer hijo, le prometió continuar la guerra. Ogatai salió de la tienda llevando el arco de su padre y dijo "Esta tormenta todavía no ha acabado. Aún oigo el ruido de los rayos, y caen sobre Polonia." En Europa, todas las campanas de las iglesias tañeron cuando vieron a nuestras hordas bajando de las montañas. Los ejércitos de Bohemia y Alemania se apresuraron a venir en ayuda de Polonia. Para ellos, nuestro ejército venía del mismísimo infierno, guiados todavía por la sombra del Gran Khan."
- "Los guerreros europeos luchan individualmente, pero los mongoles lo hacen como parte de un ejército unido. Abrumados por sus armaduras, los polacos y alemanes no podían alcanzar a nuestros rápidos caballos. Una y otra vez disparamos flechas incendiarias contra ellos, retirándonos después fuera de su alcance. Cuando la caballería extranjera nos perseguía, la llevábamos a una emboscada. La emboscada siempre es anunciada con el naqara, un enorme tambor llevado a la batalla en un camello. En este día, el naqara se escuchó cientos de veces. Se nos ordenó cortar una oreja a cada víctima. Nueve sacos de orejas fueron enviados a Ogatai Khan."
[editar] Paz mongola
- "Sólo un enemigo se opone a nuestro paso. Francia y las naciones cercanas son derrotadas desde las décadas de las Cruzadas. Si conseguimos entrar en Europa del Este, es probable que toda Europa del Oeste se rinda. Pero para entrar en el Este tenemos que vencer a Hungría. Hungría posee la caballería más formidable de toda Europa. No sólo tiene la fuerza de las armaduras europeas, sino que sus caballos están emparentados con los nuestros, pues llegaron allí cruzando las estepas rusas. El río Sajó, que nos separa del ejército de Hungría, está congelado, así que no podremos utilizar barcos. Por lo tanto, quien consiga controlar el puente ganará la batalla. Subotai se dirige hacia aquí con refuerzos. Si logramos aguantar el ataque de los guerreros húngaros hasta que llegue, tendremos esperanzas de controlar el puente. Muchas cosas dependen de este puente. Si nos hacemos con el cruce del Sajó, capturaremos Hungría. Si Hungría sucumbe, sucumbirá Europa. Con Europa y Asia bajo las órdenes mongolas, nuestra conquista del mundo será total y definitiva."
- "Nadie se opone entre nosotros y el Océano Atlántico. El Imperio Mongol abarca dos continentes enteros; Europa y Asia pertenecen a las hordas. Cada lugar que hemos conquistado ha cambiado definitivamente con nuestra llegada. Rusia, que una vez estuvo formada por belicosas ciudades, al igual que la antigua Mongolia, se fundirá en una única y gigantesca nación. Genghis Khan forjó el mayor imperio jamás creado por un hombre durante su vida. Su cuerpo fue llevado al Río Onon, donde vivieron el legendario Lobo Azul y la Gama. Fue enterrado y, después, mil jinetes cabalgaron sobre la zona para ocultar el emplazamiento exacto. El lugar del último descanso de Genghis Khan fue devorado por las estepas. Mi pueblo alimenta la leyenda de que su gran líder volverá un día para guiar la caballería hacia otra sangrienta victoria".
[editar] Campaña de Barbarroja
[editar] El sacro emperador romano
- "¿Así que quieres oír la leyenda de Federico Barbarroja? Pues más vale que nos invites a otra ronda. Puede que incluso a dos. Porque verás, es una gran historia. Pero bueno, todo en ese hombre era grandioso. Barbarroja fue un hombre de grandes apetitos... grandes ambiciones... y una gran barba roja. Pero la pregunta, lo que tú te preguntas, es: ¿Bastó con eso? ¿Basta la voluntad de un hombre para construir un imperio? Porque en esa época no existía aún el Sacro Imperio Romano, sólo había un montón de belicosas ciudades-estado. Estos principados, dudosamente leales, estaban más interesados por una confederación libre que por un imperio unificado. Pero Barbarroja creía que él era Emperador por voluntad divina, tenía la intención de devolver su antigua gloria al Sacro Imperio Romano. Y si eso significaba acabar con todos los príncipes alemanes, pues que así fuera."
- "Barbarroja era llamado el azote de Europa. Pero era tan buen diplomático como guerrero. Unificó Alemania con algo más que su espada. Creó un código legal conocido como Paces territoriales: Ayudó a los necesitados fijando un precio oficial para el grano después de cada cosecha. Las provincias de Alemania se convirtieron pronto en las más prósperas y poderosas de Europa. El Sacro Imperio Romano tuvo tanto éxito que amplió enseguida sus fronteras."
[editar] Enrique el León
- "El Imperio estaba en pleno apogeo y su población crecía rápidamente. Los alemanes talaron bosques, desecaron pantanos y hasta le arrebataron tierra al mar. Pero ni siquiera así tenían suficiente espacio. Si ocupaban la vasta Polonia, la presión en las fronteras del Imperio disminuiría. Para negociar con Polonia, Barbarroja recurrió a uno de sus más poderosos vasallos, Enrique el León. Enrique era un poderoso príncipe de Sajonia, y sus decadentes palacios eclipsaban a los del propio emperador. Aunque juró lealtad a Barbarroja, algunos se cuestionaron si su intención no era la de hacerse con el poder del Imperio. Al ordenar a Enrique que ayudara en la dominación de Polonia, Barbarroja pretendía poner a prueba de una vez por todas su voto de obediencia".
- "Enrique esperaba ser descuartizado, el castigo usual para los traidores en esa época. Pero Barbarroja reconoció el potencial de un poderoso aliado y le perdonó oficialmente, a condición de que Enrique el León jurara apoyar a Barbarroja desde ese momento. Sorprendentemente, Enrique aceptó. Alemania fue unificada y Enrique el León pacificado. Pero el Sacro Imperio Romano aún no estaba completo. Desde la época de Carlomagno, el Imperio reclamaba la posesión de Italia y, especialmente, de Roma."
[editar] El Papa y el Antipapa
- "En Roma, el Papa creía firmemente que era la iglesia, y no el Emperador, quien tenía la máxima autoridad en el Imperio. Barbarroja no lograba convencer al Papa para que viera las cosas bajo su punto de vista, así que nombró a su propio Papa. Por si eso no bastaba, el Papa y el Antipapa se apresuraron a excomulgarse mutuamente. Al final, Barbarroja decidió recurrir a la política de las armas. Si el Papa no atendía a razones, puede que lo hiciera cuando dos mil guerreros alemanes tomaran la península itálica. La más grande de las ciudades del norte, la capital virtual de Lombardía, era Milán. Los señores de Milán eran tan orgullosos como belicosos. Barbarroja estaba decidido a arrasar Milán como advertencia al resto de ciudades italianas y, en particular, al Papa de Roma. El mensaje era claro: el único y verdadero Emperador Romano era él, Federico Barbarroja."
- "Barbarroja no fue compasivo con los milaneses. Como respuesta a un intento de negociación durante el asedio envió a los seis emisarios italianos de vuelta a la ciudad. A cinco los había dejado ciegos, pero al sexto sólo le había cortado la nariz, para que pudiera guiar a los otros. La Italia del Norte fue conquistada sin piedad y puesta bajo el mando imperial. Pero Italia no quería someterse. La destrucción de Milán sólo sirvió, en todo caso, para aumentar la furia de las ciudades italianas contra el que sería su Emperador."
[editar] La Liga Lombarda
- "Mientras los guerreros del Emperador estaban presentes, la paz se mantenía. Pero el Emperador no podía estar en todos los lados al mismo tiempo. Cuando iba a Italia, Alemania se inflamaba, y cuando volvía a Alemania, los italianos volvían a conspirar. Milán había sido tomada, pero el resto de ciudades italianas se unió en una confederación llamada la Liga Lombarda, que tenía como propósito la destrucción de Barbarroja. Si Barbarroja pretendía que Italia formara parte del Sacro Imperio Romano, tenía que vencer a cada una de las ciudades de la Liga Lombarda. Pero Barbarroja todavía tenía un arma secreta: Enrique el León y sus mercenarios."
- "Enrique el León fue desterrado inmediatamente a Inglaterra. Lejos de su fortuna y su ejército era poco lo que podía hacer contra Barbarroja. Tras seis campañas en Italia, Barbarroja estaba cansado de cruzar los Alpes. La lucha llegó a su fin con la firma del Tratado de Constanza, que afirmaba que el Papa y el Emperador tenían el mismo poder. Era una paz muy frágil, que no parecía que pudiera durar, pero en esos momentos el Papa murió. Al nuevo Papa le interesaba más lo que ocurría en las tierras del sur que las discusiones con el emperador. Porque en esos momentos los europeos estaban siendo expulsados de Tierra Santa. Había llegado el momento de una nueva Cruzada."
[editar] La marcha de Barbarroja
- "El Sacro Imperio Romano estaba culminado y, por el momento, Alemania e Italia juraban fidelidad a Barbarroja. Pero ¡ay! la paz no perduraría. Los estados cruzados de Palestina se estaban desmoronando. Un rey sarraceno llamado Saladino había expulsado de sus castillos a todos y cada uno de los cruzados. El Papa propuso una nueva Cruzada antes de que la Tierra Santa volviera a ser de los sarracenos. Increíblemente, Barbarroja accedió a llevar a cabo esta nueva Cruzada para el Papa, contra quien había luchado tan duramente. Los reyes Felipe de Francia y Ricardo Corazón de León de Inglaterra, ya estaban a bordo de los buques que los llevarían a Oriente Medio. Pero el ejército de Barbarroja era mucho más grande y no había una flota en Europa capaz de transportarlo. El Emperador tendría que ir por tierra hasta Constantinopla y, a través de las tierras turcas, llegar a Jerusalén. Constantinopla era la capital del Imperio Bizantino, y una de las más gloriosas ciudades del mundo. El ejército de Barbarroja podría descansar y abastecerse en Bizancio antes de empezar la gran marcha."
- "El agotado ejército de Barbarroja había andado durante cientos de kilómetros a través de abruptas montañas bajo el sol de julio. Así pues, al tropezarse con las rápidas aguas del río Göksu, los hombres se sintieron sorprendidos y agradecidos. Ni siquiera Barbarroja pudo resistirse a meterse en el frío y refrescante río, sin detenerse siquiera a quitarse la armadura. Ante las incrédulas tropas supervivientes, Barbarroja se ahogó. Algunos afirman que el emperador no pudo nadar por causa de su armadura de metal. Otros creen que su corazón de sesenta y siete años no aguantó más. Independientemente de la causa de su muerte, la Cruzada de Barbarroja terminó allí, el 10 de junio de 1190. Ése fue el final del Sacro Emperador Romano."
[editar] El emperador durmiente
- "Los soldados de Barbarroja estaban destrozados. Algunos caballeros se suicidaron. Otros se convirtieron y se unieron a los sarracenos, convencidos de que el mismo Dios les había abandonado. De todas maneras quedaba un puñado de guerreros que todavía no quería subir a un barco para regresar a Europa. El cuerpo del poderoso Barbarroja fue sacado del río y guardado en vinagre en un barril. El ejército del Sacro Imperio Romano no se uniría a la Cruzada. Pero todavía tenían la oportunidad de obtener una pequeña victoria. Los guerreros supervivientes hicieron el voto de llevar el cuerpo de Barbarroja a Jerusalén. ¡Aunque muerto, el Emperador cumpliría su promesa!"
- "Todo gran rey tiene su leyenda, desde Arturo hasta Barbarroja, que afirma que regresará algún día cuando su pueblo lo necesite. Los mitos y leyendas sobre el emperador dormido se han trasmitido en las historias populares alemanes. El Sacro Imperio Romano no perduró. Volvió a deshacerse en retazos de pequeñas naciones. Algunos dirán que el reinado de Barbarroja fue un fracaso. Pero no hay mejor testamento de este hombre que el hecho que su voluntad fuera suficiente para mantener el Imperio unificado. ¿Y qué pasó con Enrique el León? Tras la muerte de Barbarroja no había nada que le impidiera volver al Sacro Imperio Romano. Pero ahora soy sólo un viejo. ¿Qué daño podría hacer?"
[editar] The Conquerors Expansion
[editar] Atila el Huno
[editar] El Azote de Dios
- "Aquella cabeza clavada sobre una pica parecía un trofeo demasiado macabro para exhibirse en la capilla de Châlons, pero aún así necesité semanas para atreverme a preguntar al padre Armand por qué la conservaba. El anciano sacerdote permaneció largo tiempo en silencio, mirando por la ventana, hasta que por fin respondió: "Yo estuve allí, en la batalla de los Campos Cataláunicos... luchando junto a Aecio y Teodorico el Godo". Sabía que décadas atrás, aquí se había librado una batalla. De vez en cuando, los campesinos siguen dejando al descubierto con el arado esqueletos y escudos rotos. "¿Contra quién fue, padre?" Le pregunté. "¿Contra quién luchasteis?" Se volvió hacia mí y me dejó paralizado con su mirada de anciano. "Contra Atila, el rey de los hunos", contestó. Después, me contó la historia. Los hunos surgieron de la nada en el siglo V, ansiosos por apoderarse de un Imperio Romano debilitado por la corrupción interna y por la expansión de otras tribus bárbaras. Fueron los hunos los que expulsaron de aquí a muchos de los bárbaros que les habían precedido. Eran unos aterradores guerreros procedentes de las estepas de Asia, con el cuerpo desfigurado por las cicatrices de heridas rituales y las piernas deformadas por pasarse casi toda la vida entera a lomos de su caballo. Pero a pesar de su temible aspecto, no se habrían diferenciado mucho de otros invasores de no haber sido por su jefe, Atila, quien se dio a sí mismo el sobrenombre de El Azote de Dios. Dirigidos por Atila y su hermano Bleda, los hunos no se limitaron a invadir Escitia y Persia... ¡Las devastaron!"
- "Le pedí al padre Armand que me contara algo más acerca del legendario Atila, a quien las historias describen siempre más como un monstruo que como un hombre. "Era un hombre", respondió el sacerdote, "pero ni su aspecto era como el de los romanos, ni veneraba al dios romano. Ésa fue la causa de todo lo que sucedió después." El padre Armand se estremeció entonces, como sobrecogido por la brisa helada que entraba por las ventanas abiertas de la capilla. "Entre los bárbaros, el trono no se obtenía ni por derecho divino ni por dinastía, sino por ser el más fuerte. Atila lo era entre los hunos, y afianzó su posición cuando blandió una vieja espada oxidada, que dijo era la de Marte, el antiguo dios romano de la guerra. Atila tenía la costumbre de hacer girar sus ojos fieramente, como si deseara disfrutar del terror que inspiraba..." Tenía carisma sobre los demás, así que muchos eligieron unirse a él. Muchos extranjeros se unieron a su consejo, como escitas, borgoñones y godos. El más importante de estos fue el hijo de una eminente familia romana, que fue enviado como rehén para afianzar la paz entre romanos y hunos. El muchacho se llamaba Flavio Aecio, nombre que no debemos olvidar."
[editar] La gran marcha
- "Ahora que había avivado sus recuerdos, el padre Armand parecía deseoso de contar su historia. Me explicó que los hunos, como los otros bárbaros, guerreaban de una manera completamente distinta a como lo hacían los romanos o mi pueblo, los francos. Los hunos atacaban todos juntos, a menudo lanzando flechas al acercarse y retirándose de repente. Las naciones de Europa, acostumbradas a formar en columnas e hileras, e incluso a lanzar retos personales, consideraban que esto era una aberración. No podían entender esa forma de guerrear. Los bárbaros no conquistaban territorios. No intentaban retener ni colonizar las ciudades que atacaban. Se limitaban a destrozarlas y saquearlas, llevándose el botín a su campamento. En esa época había dos imperios romanos porque el gobierno había decidido que los territorios eran demasiado amplios para poder ser administrados de manera efectiva por una sola ciudad. Atila y los hunos iniciaron una serie de incursiones en el Imperio Romano de Oriente."
- "La ciudad romano de Naiso fue borrada de la faz de la tierra. Los hunos devastaron el lugar de tal manera que cuando los embajadores romanos lo atravesaron para entrevistarse con Atila, tuvieron que acampar al otro lado del río, fuera de la ciudad. Las orillas estaban cubiertas por huesos humanos, y en la ciudad el hedor a muerte era tal que impedía entrar en ella. Muchas ciudades europeas sufrirían pronto el mismo destino. De alguna forma, Atila se enteró del intento de acabar con su vida y envió de vuelta al emperador al aterrorizado asesino, que llevaba en un saco atado al cuello el oro que había cobrado por su intento. Después de aquello, a los hunos no les resultó difícil convencer al Imperio Romano de Oriente de que empezara a pagarles tributo y evitar, así, la invasión."
[editar] Las murallas de Constantinopla
- "Ya entonces, los romanos tenían una considerable experiencia en sus tratos con los bárbaros. Podían civilizar en cierta medida a los invasores, ofreciéndoles como tributo territorios situados en los límites de su imperio que no les servían de gran cosa. Antes de la llegada de Atila, esa táctica funcionó con los hunos, que se habían asentado en el valle del Danubio. Todo esto cambió cuando Atila tomó el mando. Era más agresivo e imprevisible que los anteriores reyes hunos y exigió el aumento de los tributos. Cuando los romanos se negaron, marchó sobre el Imperio Romano de Oriente. Se dirigió hacía la magnífica ciudad de Constantinopla, cuyas dobles murallas jamás habían sido expugnadas. Atila no se limitó a ataques aislados. Ahora los hunos avanzaban lentamente, destruyendo todo lo que encontraban a su paso. Los romanos tendrán que volver a pagar su tributo o serían destruidos."
- "'¿Quién era este hombre para amenazar al emperador romano?', pregunté. Los títulos como el de 'emperador', nada significaban para los hunos. Atila no había sido nombrado gobernante, sólo era el más fuerte de los hunos. Las comodidades de su 'cargo' no significaban nada para él. Mientras sus jefes y consejeros comían en vajilla de plata, su copa y su plato estaban tallados toscamente en madera. Sus guardias escitas lucían joyas en la empuñadura de su espada y se sujetaban la capa con broches de oro, pero Atila no mostraba tales amaneramientos. Sólo le interesaba la conquista. Se decía que intentaba construir un imperio que rivalizase con el de Alejandro Magno. Todos los bárbaros ansiaban poseer Roma, como si eso les otorgara la inmediata legitimidad de un imperio mundial. Sin embargo, a diferencia de otros bárbaros, Atila tuvo realmente la oportunidad de conseguirlo."
[editar] Esponsales bárbaros
- "El emperador del Imperio Romano de Occidente tenía una hermana llamada Honoria, que tras muchos años de confinamiento en sus habitaciones, tuvo la absurda idea de mandarle una carta a Atila en la que le pedía que se casase con ella. Hay que suponer que Honoria no sabía dónde se estaba metiendo. Aunque Atila poseía numerosas esposas, se dio cuenta de inmediato de la ventaja que esa unión podía ofrecerle. Cambió repentinamente de planes. Ya no invadiría Constantinopla, sino Roma, en el Imperio Romano de Occidente. Y de hecho exigió como dote la mitad de aquel imperio. Atila envió a los hunos a través del Rin y fraguó alianzas con otros jefes bárbaros. Algunos, especialmente los borgoñones y los ostrogodos, se unieron a la confederación huna, mientras que otros, como los visigodos, aprovecharon para obtener el favor de Roma oponiéndose a los hunos. Cuando Atila entró en la Galia, lo que actualmente llamamos Francia, se limitó a afirmar que reclamaba con la fuerza lo que era suyo por derecho propio, por su matrimonio con Honoria."
- "El anciano sacerdote bajó la cabeza mientras relataba lo que sucedió después, y puedo asegurar que el peso de los recuerdos le causaba gran dolor. Atila no se detendría ante nada hasta conseguir a su prometida, Honoria, y lograr su objetivo de dominar el Imperio Romano. La devastación de la Galia no tuvo precedentes. Los hunos torturaban a la gente, despedazando su cuerpo con caballos salvajes o aplastando sus huesos bajo el peso de las ruedas de los carros. Abandonados los miembros insepultos en los caminos públicos, como alimento para los perros. Todo el camino desde la Galia hasta el Danubio, de donde procedían los hunos, estaba adornado con cabezas clavadas en estacas. Sitiaron Orleans, ya que Atila había aprendido bastante sobre el arte del sitio desde que se había enfrentado a las murallas de Constantinopla. Pero mientras los hunos realizaban su funesta tarea, una gran nube de polvo apareció en el horizonte. Había llegado Aecio con el ejército romano."
[editar] Los Campos Cataláunicos
- "'En ese momento', dijo el padre Armand, 'es cuando entro yo en la historia'. La batalla entre hunos y romanos tuvo lugar a finales de junio del año 451. Aecio, un general famoso y brillante, que de niño había sido rehén de Atila, dirigía a los romanos. Aecio conocía a Atila, y las costumbres de los hunos. Desde que regresó al Imperio Romano de Occidente, fue quien más se esforzó por mantener Roma en pie durante el período de las invasiones bárbaras. Su ejército no era lo bastante numeroso para enfrentarse solo a Atila, por lo que Aecio convenció a las tribus de los alanos y visigodos para que se aliaran con él. Aunque estos poco fiables aliados compartían con los romanos el odio a los hunos, seguía siendo un gran logro por parte de Aecio el haberlos unido en una relación militar efectiva. Los hunos estaban ansiosos por luchar. Los chamanes de Atila examinaron las entrañas de reses y el color de los huesos de las ovejas, y profetizaron la derrota de los hunos en los Campos Cataláunicos. De todas formas, también profetizaron la muerte del jefe del bando contrario. A Atila el intercambio debió parecerle justo y plantó batalla a Aecio y a los godos. Antes del derramamiento de sangre, Atila se presentó ante sus tropas reunidas sosteniendo en su puño la espada de Marte. Así les habló: 'Es un derecho natural alimentar el alma con venganza. Yo lanzaré la primera lanza al enemigo. Si alguno se queda quieto mientras Atila lucha, es hombre muerto'."
- "La batalla fue una catástrofe, una de las más grandes y sangrientas que el mundo ha contemplado. La tranquila corriente del río se transformó en torrente por la cantidad de sangre. Compadezco a aquellos que se vieron obligados a apagar su sed en él. 'Cadavera vero innumera', dijeron los romanos. 'Los cadáveres era realmente innumerables'. Murieron quizás 300.000 hombres en los Campos Cataláunicos. Se dice que los fantasmas de los muertos siguieron luchando durante varios días. Estuve a unos centímetros del feroz rey huno mientras recorría majestuoso el campo de batalla, intentando determinar cuántos de sus jefes y aliados seguían vivos. Cuando me encontró, me acurruqué debajo del escudo y me puse en paz con Dios. Pero Atila no me decapitó. Vio que era un hombre santo y me mandó unirme a su séquito de consejeros extranjeros. 'Por eso sabéis tanto de los hunos', dije. El sacerdote asintió. A pesar de la matanza, el resultado de la legendaria batalla fue poco claro. Atila había perdido gran parte de su caballería, pero el ejército romano quedó totalmente destruido. Durante un tiempo, nadie supo si el rey huno continuaría tras la mano de Honoria. '¿Y la profecía?', pregunté. '¿Murió Aecio en el campo de batalla?' 'No.' El que murió, cumpliéndose así la profecía, fue Teodorico el Godo, no Aecio. Éste sabía que si destruía por completo a los hunos, entonces los visigodos no tendrían necesidad de una alianza con Roma, por lo que Roma tendría que enfrentarse a otra amenaza bárbara. Y de esta manera, Aecio se retiró de la vida militar. Esperaba que el resultado de los Campos Cataláunicos detendría a los hunos y a los godos; esperaba también haber hecho lo suficiente para salvar su imperio. Pero no fue así."
[editar] La caída de Roma
- "En cuanto a Atila, Honoria le esperaba con los brazos abiertos en Roma. Sólo un año después, parcialmente recuperado de sus pérdidas, Atila puso sus ojos en Italia. Los hunos atravesaron los Alpes, bajaron a la península Itálica e iniciaron otra gran invasión que aterrorizó a los habitantes del Imperio Romano de Occidente. Atila quería tomar Roma y coronarse a sí mismo como emperador. Te recuerdo que no era ya la Roma de César, sino una Roma decadente, golpeada por los terremotos y las guerras con los bárbaros. Y esta vez, no había ningún general Aecio capaz de rechazar a los feroces hunos."
- "La ciudad de Aquilea, en la punta del Adriático, fue borrada de la faz de la tierra. Los fugitivos de esa pobre ciudad se refugiaron en las islas, pantanos y lagunas de la parte norte del Adriático, donde fundaron un estado que más tarde se convertiría en la república de Venecia. '¿Y qué pasó con el Papa?', pregunté. Nadie sabe lo que le dijo San León al rey huno, pero ese mismo día Atila dio media vuelta con su ejército y regresó a las tierras hunas del Danubio. El rey de los hunos murió poco después. Al no haber tomado Roma, no pudo tener a Honoria, pero se trajo a otra esposa para su harén. En su noche de bodas, Atila sufrió una hemorragia nasal, se atragantó y murió. Para un hombre que siempre se jactó de que 'donde pisa mi caballo, jamás vuelve a crecer la hierba' fue una muerte curiosa y poco ejemplar. Los guerreros hunos se cortaron el cabello y se rajaron el rostro, para que la muerte del rey se lamentara no con lágrimas de mujer, sino con la sangre de los guerreros. El terrible reinado de las conquistas de Atila sólo duró ocho años, aunque se hicieron largos. El padre Armand guardó silenció durante un buen rato. Echó una mirada a la cabeza clavada en la estaca. 'Un trofeo huno', dijo. 'Creo que era un visigodo. Murió en la batalla de los Campos Cataláunicos. La guardo aquí para poder verla todos los días y recordar.' '¿Recordar qué, padre?', le pregunté. El olor de un pueblo ardiendo. Los gritos de la carnicería. La forma en que los aldeanos huían de los jinetes hunos. La manera en que los alcanzábamos. Lo que se siente al conquistar al lado de Atila y los hunos. Se inclinó y quedó tan cerca de mí que pude sentir su respiración. 'A veces... lo hecho de menos'."
[editar] Campaña de El Cid
[editar] Hermano contra hermano
- "Basta. Me llevas molestando un trecho, forastero. Si aceptas desistir de esta tenaz persecución y dejarme luego a solas con mis recuerdos, responderé a tus implacables preguntas. Te contaré por qué un hombre muerto cabalga por las calles de Valencia. ¿Ves aquel castillo sobre la colina? Es el hogar de Rodrigo Díaz, a quien moros y cristianos llaman 'El Cid'. Viene de la palabra árabe 'sidi', que significa 'señor'. Es el mejor hombre que haya existido jamás. Cuando el anciano rey murió, el reino se dividió entre los hijos que lo sobrevivieron, Sancho y Alfonso. El rey Sancho se quedó con Castilla, una tierra árida y azotada por el viento que debe su nombre a los numerosos castillos fronterizos. El Cid continuó sirviendo a Castilla y a su nuevo rey, como era su deber. El astuto rey Alfonso gobernaba León, pero conspiraba abiertamente para convertirse en rey de toda la España cristiana. Pronto se inició una guerra entre Castilla y León. La lucha tuvo su punto culminante en la batalla de Golpejera, donde el Cid intentó capturar al malvado Alfonso."
- "Aunque el Cid derrotó al ejército de Alfonso, el astuto rey sabía que había otras maneras tortuosas de ganar una batalla. Alfonso convenció mediante engaños a su hermano, el rey Sancho, para celebrar una conferencia secreta al amparo de las murallas de la ciudad de Zamora, y lo mandó a asesinar por la noche. El Cid no podía confiar en el rey Alfonso, pero había jurado servir a su rey, y ese hombre era ahora Alfonso. Obligó al rey Alfonso a prestar juramento sobre las sagradas escrituras exculpándose de la muerte de Sancho. Nervioso, Alfonso lo declaró así ante su ejército y su corte. Con esto, el Cid le ayudó a consolidar su derecho al trono ante el pueblo, porque éste confiaba en el Cid. Pero el rey Alfonso no supo apreciar el gesto del Cid. En vez de ello, comenzó a sentir rencor contra el hombre que era el mejor de sus caballeros, por haber dudado de él. Alfonso también sentía envidia y recelo por la popularidad del Cid entre los soldados y la gente del pueblo. Una y otra vez envió al Cid a batallas peligrosas de las que siempre regresaba victorioso."
[editar] El enemigo de mi enemigo
- "¿Que cómo sé tanto acerca del mío Cid, Rodrigo Díaz? Soy Jimena de Asturias, la dueña de este castillo. En el año 1075, Rodrigo y yo nos casamos en Castilla. Aquellos fueron los días más felices del día; al menos cuando no enviaban a mi esposo a luchar contra los moros. En Oriente, en Tierra Santa, sólo hablan de una expansión musulmana, la de los turcos selyúcidas. Pero aquí, en España, nos referimos a otra: la de los moros. Habían gobernado el sur de España durante tanto tiempo que a menudo cristianos y musulmanes vivían como vecinos sin animosidad. Así sucedía en la ciudad de Toledo, que se encontraba en tierra mora, pero que estaba habitada también por cristianos. Un asesinato político había sumido la ciudad de Toledo en una guerra civil. Viendo una posibilidad de expandir su imperio, el rey Alfonso atacó Toledo con la excusa de restaurar el orden. Dio al Cid el mando del ejército... aunque una vez más cabe preguntarse si lo que deseaba no sería ponerle en peligro."
- "Una vez más, el Cid salió victorioso y entregó la ciudad al rey Alfonso. Moros y cristianos juntos gritaban su nombre desde las murallas de la ciudad, llamándole El Cid Campeador; es decir, mi señor el conquistador. Tras casi 400 años de dominio moro, la ciudad de Toledo tenía por fin un rey cristiano. ¡Pero Alfonso aún no estaba satisfecho! Acusó al Cid de buscar la gloria personal a expensas de la corona. Cuando oía a los campesinos gritar el nombre del Cid en lugar del suyo, se enfadaba aún más. Supe entonces que nuestra pacífica existencia en Castilla estaba a punto de terminar."
[editar] El exilio del Cid
- "El rey Alfonso envió al exilio a su más leal y capaz servidor, Rodrigo Díaz, el Cid, con tan sólo su caballo Babieca. Mis dos hijas y yo nos quedamos en un monasterio en Castilla. Cuando Rodrigo y yo nos separamos, sentí como si me hubiesen arrancado una uña del dedo. Solo, Rodrigo se alejó cabalgando en el invierno castellano. Pero no estuvo solo mucho tiempo. Donde quiera que fuera, encontraba mercenarios y soldados deseosos de seguirlo. Pronto tuvo un pequeño ejército propio. Pero el Cid no deseaba quedarse para siempre vagando por los desiertos páramos de Castilla. Necesitaba un castillo y un señor al que servir. También lo encontró, aunque en el más inesperado de los lugares."
- "Mutamid, señor de Zaragoza, era un gobernante carismático, además de poeta y artista como muchos otros moros. Los logros culturales de los moros hacían que el resto de Europa pareciera bárbara en comparación. Mientras el Cid conversaba con el señor Mutamid en su suntuoso palacio, éste comía de platos que le llegaban flotando sobre un canal interior. Mutamid otorgó ricos regalos al Cid y lo convirtió en un hombre rico. Pero el Cid, siempre leal a Castilla, le convenció para que ratificara un tratado por el que Zaragoza se convertía en parte de Castilla. El Cid nunca luchó abiertamente contra el rey Alfonso, aunque sí lo hizo contra el conde Berenguer y otros señores españoles que de los moros sólo buscaban los tributos en oro y no estaban interesados en hacer alianzas con ellos. El conde Berenguer sería el enemigo del Cid durante muchos años."
[editar] La guardia negra
- "El rey Alfonso observaba alarmado cómo las fuerzas combinadas de moros y de cristianos bajo el mando del Cid ganaban poder y prestigio. Finalmente, cuando ya no lo pudo soportar más, envió su propio ejército a Zaragoza para luchar contra los moros de Mutamid. Por mucho que le hubiera gustado ir en ayuda de su amigo, el Cid no podía desenvainar su espada contra el rey Alfonso, ya que éste seguía siendo su legítimo señor. Como el Cid no podía ayudarlo, Mutamid se vio obligado a buscar ayuda en otra parte. Contactó con los bereberes que vivían más allá del mar de Gibraltar. Pero recibió más de lo que había pedido. Estos religiosos fanáticos de rostro cubierto libraban una guerra santa continua sobre las estériles dunas del Sahara. Su líder, el fanático Yusuf, que nunca mostraba su rostro, se preparó inmediatamente para cruzar el mar hasta España con miles de hombres y camellos. El ejército del rey Alfonso sucumbiría sin duda ante esta nueva oleada de invasores."
- "Alfonso sólo hubiera necesitado mencionar que España estaba en peligro, ¡y el Cid hubiera respondido! Cuando acudió finalmente en ayuda de su rey, aplastó a los bereberes y obligó a su líder, Yusuf, a escapar a África. El Cid se inclinó ante Alfonso, listo para regresar a su legítima posición como campeón del rey. Pero Alfonso, enfadado por la tardanza del Cid en acudir a su ayuda, lo mandó de nuevo al exilio. Esta vez se llevó consigo a su mujer y a sus hijas. Ya me había consumido demasiados años en las mazmorras de Castilla."
[editar] Rey de Valencia
- "El Cid estaba de nuevo en el exilio, pero esta vez no había moros que le dieran la bienvenida. Vagó por los desolados parajes rocosos de Castilla, preguntándose si su leyenda había finalmente terminado. Entonces sucedió algo extraordinario. Muchos mercenarios y soldados que conocían las leyendas del Cid estaban deseosos de seguirle, incluso aunque no tuviese castillo. Conforme el Cid avanzaba hasta el sur, más hombres se fueron uniendo a su ejército, tanto cristianos como musulmanes. Con el tiempo, el Cid había creado un ejército lo bastante grande como para conseguir su propio feudo. Si conquistaba Valencia, no sólo estaría protegido contra las maquinaciones de Alfonso, sino que además contaría con un baluarte contra la segunda e inevitable invasión de Yusuf y los bereberes. Todo se habría desarrollado de una manera sencilla, si no fuera porque nuestro antiguo enemigo, el conde Berenguer de Barcelona, eligió aquel momento para atacar al Cid."
- "Qué abundantes les parecían los naranjales y olivares a los conquistadores que habían venido de la yerma Castilla. Valencia era un paraíso tropical, lleno de palmeras, con un mercado de seda y abundantes peces y aves acuáticas. Una vez asegurado el castillo y dispuestas las defensas de la ciudad, el Cid envió a buscarnos a mí y a sus hijas. Nuestro reencuentro tuvo lugar en la torre más alta del castillo, frente un mar que ocupaba todo el horizonte. Convertimos Valencia en nuestro propio reino, reuniendo ocho mil soldados cristianos y veinte mil moros. Era el logro más grande del Cid hasta ese momento. Estábamos fuera del alcance del rey Alfonso, y el conde Berenguer estaba encerrado en las mazmorras de Valencia. Con el tiempo, sería liberado a cambio de un rescate y una de nuestras hijas se casaría con su sobrino y heredero, para evitar futuros conflictos. Ojalá que la leyenda del Cid hubiera terminado allí, bajo las puertas de sol de Valencia. Pero no sería así. Valencia se encontraba justo en el camino de la horda berebere del fanático Yusuf."
[editar] Reconquista
- "Estábamos atrapados y solos en nuestro reino de Valencia. El Cid mandó inmediatamente mensajeros a los posibles aliados, pero encontró muy pocos. El reino cristiano de Aragón estaba demasiado lejos y el rey Alfonso de Castilla no parecía tener prisa en acudir en defensa del Cid. Ni siquiera podía contar con Mutamid el moro, su antiguo aliado. Yusuf lo había exiliado al desierto del Sahara, donde pasó el resto de sus tristes días escribiendo poemas. Durante diez días y diez noches, los bereberes cabalgaron alrededor de la ciudad, gritando y golpeando los escudos de piel de hipopótamo con sus armas. El Cid arengó a sus tropas, rezó y planeó un contraataque. Entonces ocurrió lo impensable. Durante un genial ataque sorpresa para arrebatarles oro y caballos a los bereberes, Rodrigo Díaz, mío Cid, fue abatido por una flecha perdida. El ataque sorpresa se convirtió en una fuga desordenada y los hombres del Cid regresaron a duras penas al castillo con su cuerpo herido. Rodrigo y yo sabíamos que no sobreviviría a la noche. Pero también sabíamos que, sin su Cid para dirigirlos, los soldados de Valencia no se sentirían lo bastante fuertes para enfrentarse a los bereberes. Por ello, aunque acababa de morir, até a mi marido sobre Babieca y le puse la espada Tizona en la mano. Babieca era bien visible, en lo alto de la ciudad de Valencia. Mi única esperanza era que los hombres no se dieran cuenta del engaño; que no se enteraran de que el Cid estaba ya muerto."
- "Fue el crepúsculo de la España mora. El ejército bereber fue derrotado y Valencia resistió el cerco. El rey Alfonso no nos permitió enterrar al Cid hasta que pudiera asistir personalmente al funeral. Cuando llegó, no quiso que lo enterráramos. En su lugar, el cuerpo del Cid fue embalsamado y colocado cerca del altar de la iglesia, sentado en un taburete de marfil que había arrebatado a los moros, cubierto de lujosa seda y sujetando en la mano izquierda su espada Tizona. ¿Y quién quedó gobernando Valencia? ¿El rey Alfonso o el conde Berenguer de Barcelona? No. Valencia es mía. Soy yo, Jimena Díaz, quien reclama el trono del reino de mi marido fallecido. Y si los bereberes regresan a Valencia, es a mí a quien encontrarán al mando de los soldados de Rodrigo Díaz, ¡el Cid Campeador!"
[editar] Campaña de Moctezuma
[editar] Reinado sangriento
- "Según el relato de Cuauhtémoc, guerrero águila de Tenochtitlán. Apareció un presagio sobre el bosque, en forma de mazorca de maíz que resplandecía como el amanecer. Parecía sangrar fuego, gota a gota, como si fuera una herida en el cielo. Soy un guerrero, no un sacerdote, y no sabía cómo interpretar este signo. ¿Se habían enojado los dioses? Consulté con los adivinos y magos para ver si se acercaba otra gran guerra, pero sólo me respondieron vaguedades. 'Los dioses quieren más sacrificios', dijeron. Era siempre la misma respuesta. Los sacrificios nos han llevado a conquistar gran parte de nuestro imperio de junglas y volcanes. Siempre estamos guerreando, derrotando a un número cada vez mayor de enemigos para poder ofrecer sacrificios a nuestros dioses. Los magos afirman que debemos hacer un sacrificio diario para que el sol siga saliendo. Los equipos de mensajeros tardaron dos días en recorrer más de trescientos kilómetros para llevar mi mensaje hasta nuestra ciudad de Tenochtitlán. Dos días después, mi tío Moctezuma, emperador de los aztecas, envió su respuesta. Sus sacerdotes habían predicho el inminente regreso de su largo exilio del poderoso Quetzalcóatl, la serpiente emplumada, dios de la sabiduría y el viento. ¿De qué otra forma se podría explicar el presagio? Moctezuma ordenaba a mis guerreros que se esforzaran para consolidar el control de la jungla que separaba nuestro territorio del de los enemigos. Debemos lograr el control de los cuatro santuarios consagrados a Quetzalcóatl, la serpiente emplumada. Como el Imperio Azteca es poderoso y se expande constantemente, nos hemos creado muchos enemigos. Debemos defender estos santuarios de nuestros enemigos para prepararnos para el regreso de Quetzalcóatl."
- "Cuando mis soldados tomaron los santuarios y derrotaron a los xochimilcos y tlatilucos, regresamos a Technotitlán cargados de regalos para el emperador Moctezuma: jade, plumas y prisioneros, por supuesto. Después de haber pasado tantos días en la jungla, el reflejo de nuestra inmensa ciudad en el lago nos parecía algo asombroso. El emperador Moctezuma vivía en las habitaciones más suntuosas del palacio, con sus esposas y concubinas. Mientras hablábamos, bebía chocolate espumoso de una copa de oro. Los músicos tocaban tambores y flautas, a cuyo son bailaban mujeres enmascaradas. Cuando hace muchos años mi tío Moctezuma subió por primera vez a la Gran Pirámide para convertirse en emperador, hubo una gran celebración. Pero ahora algunos cuestionan su poder. A veces tarda demasiado en tomar decisiones y casi nunca dirige a sus guerreros en el combate. Los sacerdotes de Moctezuma nos informaron de que Quetzalcóatl, la serpiente emplumada, regresaría pronto a Tenochtitlán para reclamar el trono. Como había ayudado a preparar su llegada, me dieron una macana de obsidiana nueva y me ascendieron al rango de guerrero jaguar. Aquella noche hubo más fiestas y danzas. El aire olía a perfume. Pero, mientras bajaba las escalinatas del palacio del emperador, vi que el presagio seguía sobre el lago, lanzando chispas en el cielo de la medianoche. Así habló Cuauhtémoc, guerrero jaguar de Tenochtitlán."
[editar] La Triple Alianza
- "Según el relato de Cuauhtémoc, guerrero jaguar de Technotitlán. Los dioses debían seguir intranquilos, pues ese mismo año apareció otro presagio. El templo del demonio Huitzilopochtli se vio envuelto en llamas a pesar de ser de piedra. Y ardió aún con mayor violencia cuando la gente llegó corriendo con agua para apagar el fuego. Le pregunté a nuestro emperador Moctezuma qué debíamos hacer para apaciguar a los dioses. Los altivos sacerdotes dieron la respuesta habitual. El Imperio Azteca necesitaba más prisioneros. El dios sol, el dios de la lluvia, e incluso la serpiente emplumada, Quetzalcóatl, eran divinidades encolerizadas y exigían sacrificios. Nuestra ciudad-estado de Tenochtitlán está aliada con otras dos, formando la Triple Alianza. Moctezuma pretendía que ésta atacara a nuestros viejos enemigos, los tlaxcaltecas. Como manda la tradición, les envié el escudo, flechas y mantos como declaración de que pronto los atacaríamos. Luego nos adentramos en la jungla, con las enseñas de jaguar y águila listas para el enfrentamiento con las enseñas de garra de los tlaxcaltecas. Los pájaros de las alturas de la jungla elevaron su vuelo hacia el cielo, impacientes por alejarse de la violencia que se avecinaba."
- "Los primeros mensajeros que llegaron a Tenochtitlán nos hablaron de montañas y torres que flotaban en el mar. Las historias que le contaban a Moctezuma eran cada vez más fantásticas: disparaban bolas de piedra, que lanzaban chispas y una lluvia de fuego que destrozaba las armas. Estos dioses cabalgaban sobre inmensos ciervos sin cornamentas. Sus espadas, arcos, escudos y ropas eran de hierro. ¡Estaba claro! ¡Se trataba del regreso de Quetzalcóatl! Moctezuma oía estas noticias con creciente preocupación, mientras se movía nervioso en el 'icpalli, su trono sin patas. Mandó llevar caros regalos a los recién llegados, con la esperanza de que Quetzalcóatl le perdonaría cuando la serpiente emplumada llegara a Tenochtitlán. 'Ha regresado', me susurró Moctezuma. 'Ha venido a recuperar su trono, como prometió al marcharse.' Sujeté firmemente mis armas, pero no dije nada. ¿Cómo podía contradecir la palabra de nuestro emperador? Así habló Cuauhtémoc, guerrero jaguar de Tenochtitlán."
[editar] Quetzalcóatl
- "Según el relato de Cuauhtémoc, guerrero jaguar de Tenochtitlán. Otro presagio. El lago que rodea la gran ciudad de Tenochtitlán se elevó, aunque no hacía viento, e hirvió como si lo hubieran calentado. Espumó hasta que se abalanzó sobre las casas de la ciudad, arrastrándolas con él. Acompañé a nuestros dignatarios al encuentro con los recién llegados. Viajamos hacia la costa atravesando los territorios de nuestros enemigos tlaxcaltecas. Cuando salimos de la jungla, los extranjeros nos dieron la bienvenida, aunque mantenían sus armas al alcance. Les dije que éramos los aztecas, representantes del gran Moctezuma. Su jefe dijo que eran españoles y que él se llamaba Cortés, aunque pareció complacerle que nos refiriéramos a él como Quetzalcóatl. No me parecieron dioses, aunque sus armaduras y animales parecían de otro mundo. Le ofrecimos a Cortés regalos del mejor algodón y penachos de plumas de pájaros, pero parecía más interesado en los adornos de oro. Preguntó una y otra vez si había más oro en Tenochtitlán. Cortés ya se había adentrado en el territorio de los tlaxcaltecas. En un principio, hubo escaramuzas entre los tlaxcaltecas y los españoles. Pero cuando Cortés se enteró del tamaño de Tenochtitlán y del número de nuestro valientes guerreros aztecas, les propuso a los tlaxcaltecas una alianza para atacar a los aztecas."
- "Aunque los guerreros aztecas lucharon bien aquel día, las bestias que los españoles montaban en el combate y el ruido de sus armas de fuego atemorizaron a mis hombres. Aunque sobrevivimos al ataque, pensé que lo mejor era retirarse hacia Tenochtitlán y contarle al emperador Moctezuma todo lo que habíamos visto. No sé si mi tío, Moctezuma, lo hizo por cobardía o simplemente intentaba protegernos de la cólera de los dioses, pero envió más regalos a Cortés junto con una invitación para que visitara nuestra gran ciudad como su huésped. Estaba presente cuando Moctezuma se encontró con Cortés en una de las calzadas que llevaban a nuestra gran ciudad. Era evidente que los españoles jamás habían contemplado nada como Tenochtitlán. Miraban atónitos los mercados de brillantes colores y las pirámides que se elevaban en la isla artificial situada en el centro del gigantesco lago Texcoco. Algunos soldados españoles preguntaban si todo aquello era un sueño, deslumbrados por cosas que nunca habían visto, oído ni imaginado. Moctezuma llevó a Cortés a la parte superior de la Gran Pirámide, desde donde le mostró los distintos canales y barrios de la ciudad. Pero Cortés sólo parecía interesado por los adornos de oro, apoderándose de los que encontraba. Ya estaba convencido de que aquel hombre no era Quetzalcóatl. ¿Qué necesidad tenía un dios de oro? Así habló Cuauhtémoc, guerrero jaguar de Tenochtitlán."
[editar] La Noche Triste
- "Según el relato de Cuauhtémoc, prisionero de Tenochtitlán. El siguiente presagio no lo vimos, pero escuchamos en la noche los gritos de una mujer que lloraba porque no podía esconder a sus hijos. La indecisión atormentaba al emperador Moctezuma. ¿Ese hombre era Quetzalcóatl o un simple mortal? Mientras el emperador meditaba la respuesta, los ciudadanos se sentían cada vez más inquietos. Cortés vigilaba de cerca al emperador y, al poco tiempo, Moctezuma era prisionero en su propio palacio. Así tomaron los españoles Tenochtitlán, sin tan siquiera asediarla. Los españoles recogían todo el oro que encontraban. Pero no les interesaba nuestro arte ni los adornos; se limitaban a fundir el oro para llevárselo a España. Los ciudadanos y guerreros de Tenochtitlán estaban enfurecidos. Aunque nuestro emperador no lo supiera, nosotros sí sabíamos que esos hombres no eran dioses. Estallaron disturbios en los mercados y en el palacio. Cuando el propio Moctezuma apareció en la terraza para pedir a los aztecas que mantuvieran la paz, el pueblo le lanzó piedras. ¡Había llegado el momento de expulsar de Tenochtitlán a esos falsos dioses!"
- "Los españoles lo llamaron La Noche Triste. Al principio se hicieron fuertes en nuestras casas y palacios, pero nosotros les asediamos constantemente. Con piedras, hondas y flechas, hicimos retroceder por las calles de Tenochtitlán a los españoles y a los tlaxcaltecas, que se retiraron cruzando los tres puentes o saltando por encima de las murallas al lago Texcoco. Murieron miles de ellos. Los que no murieron por las macanas o las jabalinas, se ahogaron por el peso del tesoro que no quisieron abandonar. Tenochtitlán estaba en ruinas, pero la ciudad volvía a ser nuestra. Muchos valientes guerreros aztecas murieron también aquella noche, incluido el noble Moctezuma. Los españoles dijeron que su propio pueblo lo había matado arrojándole piedras. Por eso fue también una noche triste para nosotros. Así habló Cuauhtémoc, defensor de Tenochtitlán."
[editar] El lago en ebullición
- "Según el relato de Cuauhtémoc, emperador de Tenochtitlán. La muerte de Moctezuma sólo sirvió para acrecentar aún más la ira de mi pueblo. Decidí dirigir personalmente el ataque contra los españoles. 'Así debe ser, Cuauhtémoc', me dijeron los sacerdotes, 'porque tú eres ahora nuestro emperador'. Me senté en el trono 'icpalli' y me colocaron el tocado del emperador. Nunca resulta cómodo llevar una corona. Cortés no se había alejado mucho de Tenochtitlán, porque los españoles iban lastrados con el peso del oro que nos habían robado. Mientras huían por las orillas del lago, mis guerreros los perseguían con canoas. Envié más guerreros por tierra, porque me pareció obvio que Cortés intentaba unirse con sus aliados, los tlaxcaltecas. Finalmente, los alcanzamos en la ribera norte del lago Texcoco."
- "Espero que los supervivientes españoles de la orilla del lago pudieran ver cómo sus compañeros capturados eran arrastrados por las escalinatas de la Gran Pirámide. Tal vez, así entenderían la razón de que temiéramos la cólera de la serpiente emplumada, Quetzalcóatl. Quizás así conocieran el miedo. Había mucho que hacer tras la batalla. Nuestra ciudad había sufrido mucho con la ocupación española y la lucha en las calles. Los sacerdotes comenzaron a reparar los templos, porque los españoles habían derribado los ídolos que habíamos colocado en ellos. Cuando comenzamos la celebración en agradecimiento a los dioses, una gran plaga asoló Tenochtitlán. Muchos de los nuestros quedaron incapacitados y yacían indefensos en su cama. Otros muchos murieron. No sabíamos si los dioses seguían descontentos con nosotros o si era un arma de los españoles. A pesar de todo, si Cortés regresaba encontraría una ciudad muy debilitada. No podía dejar que esto ocurriera. Así habló Cuauhtémoc, emperador de Tenochtitlán."
[editar] Lanzas rotas
- "Según el relato de Cuauhtémoc, emperador de Tenochtitlán. Pronto regresaron los españoles. Había tenido la esperanza de que Cortés se hubiera ido por donde había venido, pero se detuvo para reagruparse en Tlaxcala. Imagino que no podía soportar la idea de regresar a España mientras siguiéramos teniendo tesoros de oro escondidos. Los españoles, que persistían en sus sueños de oro y gloria, se prepararon para atacar Tenochtitlán otra vez. En Tlaxcala, Cortés construyó barcos de guerra en tierra firme. Luego los desmontó y atravesó la jungla para reconstruirlos en el lago Texcoco. Sabía que mis guerreros aztecas podían defender los puentes que conducían a Tenochtitlán, pero también que éramos vulnerables desde el agua. Reuní a los guerreros para una última batalla. Los sacerdotes trataron de alentar a los aztecas para que defendieran a sus antiguos dioses y su gloriosa ciudad. Mientras yo ascendía las escalinatas del gran templo y hacía sonar la concha de guerra, los sacerdotes hicieron señales de humo para anunciar que los aztecas se habían aprestado para la guerra. Pronto estaría sitiada Tenochtitlán, pero los valientes aztecas moriríamos antes de verla sometida."
- "No hace mucho, unas quinientas mil personas consideraban Tenochtitlán como su hogar. Es difícil imaginar que estas ruinas humeantes fueran alguna vez una enorme ciudad. Pero la reconstruiremos. Creamos esta isla sobre la que se levantaban la ciudad y nuestros templos y volveremos a hacerlo. El Imperio Azteca ha soportado su reto más difícil. Pero en el futuro pueden venir más españoles. No estoy seguro de que haya un lugar para nosotros en este nuevo mundo. Podría pedirles a los dioses que me dejaran entrever el futuro, pero sin duda pedirían más sacrificios y creo que ya hemos tenido suficientes bajas. Mi pueblo compuso un poema para conmemorar esta gran guerra a la que hemos sobrevivido, pero que quizás aún no hayamos ganado: Quedan las lanzas rotas sobre los caminos. Nos hemos arrancado los cabellos de dolor. Las casas ya no tienen techo, y sus muros están teñidos de sangre. Así habló Cuauhtémoc, emperador de Tenochtitlán."
[editar] Batalla de los Conquistadores
[editar] Batalla de Tours (732)
- "Era imposible imaginar que el mundo pudiera terminar en un día tan precioso de otoño. Sin embargo, la tormenta de los caballos musulmanes continuaba asolando Europa, dejando a su paso ciudades conquistadas y ejércitos destrozados y aturdidos. Los caballos musulmanes, atacando con la velocidad del rayo, irrumpieron en la ciudad de Burdeos, y luego en Poitiers, por lo que era muy poco lo que quedaba por defender del reino franco. Sin embargo, Carlos Martel reunió al desalentado ejército franco para ofrecer una última resistencia en la ciudad de Tours. Los caballos musulmanes, los más bellos y veloces, empezaron a chapotear por el río Vienne. Los caballeros y espadachines de Martel, que caminaban penosamente bajo el peso de las mallas de hierro, se esforzaban por interponerse entre los musulmanes y la ciudad de Tours. Las aves de carroña, anticipando la carnicería, trazaban círculos en el aire. El resto de Europa observaba con inquietud, pues era el punto culminante de la invasión musulmana y la última defensa de la Europa cristiana."
- "El alma del ejército franco eran sus caballeros, pero Carlos Martel sabía que bajo el peso de sus armas y armaduras, la caballería no podría competir con la rapidez de los jinetes musulmanes. Por tanto, ordenó a sus caballeros que desmontaran y se unieran a las filas de los espadachines francos para formar una apretada barrera de escudos. Los musulmanes siempre habían vencido gracias a sus ataques rápidos y no estaban equipados para hacer frente a la estrategia defensiva de los francos. Las flechas de los arqueros musulmanes rebotaban inofensivas en el pesado escudo de los francos y la caballería ligera musulmana no pudo romper la cadena humana. Maltrechos y heridos, los musulmanes rompieron filas y huyeron, cruzando los Pirineos para encontrar protección en España. Desde el reino franco de Carlos Martel surgió con el tiempo el Sacro Imperio Romano Germánico, lo que le convierte en el padre fundador de Alemania y Francia."
[editar] Batalla de Vlindandsaga (1000)
- "La casa comunal parece vacía en la oscuridad. Pero la llena el olor a óxido, brea y piel de animal, así como el ronquido de los perros. El hombre que habla, Erik, chasquea los dedos llenos de cicatrices para dar más énfasis mientras el vapor de su aliento se mezcla con el humo de la madera. Llena la cabeza de los hombres con leyendas de exploraciones e invasiones, de un mar que se traga los barcos y de un país desconocido que está listo para la ocupación vikinga. Les dice a los vikingos que pueden dejar sus heladas tierras y navegar por el interminable Mar de los Gusanos hacia un nuevo mundo, rebosante de cereales silvestres, uvas y altos árboles. Para los vikingos es como si les hablara del paraíso; sin contar con que esos nórdicos de piel blanca están siempre ansiosos de aventuras. Cuando pide voluntarios, los hombres golpean sus armas en la mesa y gritan su nombre en el aire frío. Erik el Rojo sonríe."
- "Gran parte de la historia de los vikingos está registrada en cuentos orales llamados sagas, que se transmite de generación en generación. Las más famosas cuentan las aventuras de Erik el Rojo y sus hombres, que cruzaron el gran mar en pequeños barcos con la intención de forjar una nueva soberanía vikinga. Vinlandia, como llamaron al nuevo mundo, no fue fácil para los vikingos. Aunque carecían de las armas de hierro de los escandinavos, los skraelings nativos eran fieros guerreros que luchaban implacablemente para defender sus tierras de los invasores nórdicos. La inmensidad del Atlántico Norte aisló a los vikingos en Terranova y pasaron muchos años de penalidades intentando establecer su nueva colonia."
[editar] Batalla de Hastings (1066)
- "Los mercenarios y los caballeros normandos miran con reticencia los barcos que se mecen en un oscuro mar cubierto de niebla. ¿Qué clase de hombre es ese tal duque Guillermo que mete tantos caballos en barcos en los que se filtra el agua? Guillermo ignora sus gestos inquisitivos y, a través del canal, dirige su mirada hacia Inglaterra. Eduardo el Confesor ha muerto y ahora tres hombres reclaman el trono de Inglaterra. Harold el Sajón ocupa el trono inglés y se apresura a fortificar sus orillas contra dos invasiones. Harald Hardrade, rey de Dinamarca y Noruega, envía vikingos desde el norte, mientras que Guillermo invade desde el sur. El resultado de este conflicto a tres bandas es tan incierto como la niebla que envuelve el Canal. Los huscarles de Harold el Sajón son soldados profesionales, no mercenarios. La única oportunidad que tiene Guillermo de vencer es usar la caballería pesada, pero para ello primero debe meter todos los caballos en esos barcos tan poco seguros. El futuro de Inglaterra está a punto de decidirse."
- "Los huscarles de Harold el Sajón parecían seguros de poder defender su corona cuando detuvieron a los vikingos en una sangrienta lucha en el puente de Stamford. A pesar de sus pérdidas, Harold marchó con sus agotadas tropas hacia el sur, para encontrarse con Guillermo el Conquistador cerca de Hastings. Los arqueros y piqueros de Guillermo no igualaban a los veteranos huscarles de Harold el Sajón. Éste incluso rompió la carga de los caballeros de Guillermo. El propio Guillermo cayó en la lucha y, cuando los rumores de su muerte se extendieron, los normandos comenzaron a huir. Pero Guillermo no estaba muerto e infundió ánimo a sus tropas quitándose el casco para que pudieran ver su cara afeitada y supieran que estaba vivo. Guillermo y sus caballeros acorazados arrollaron a los huscarles, rompiendo la fuerza sajona, y cabalgaron hasta Londres. Guillermo fue coronado rey el día de Navidad. Como su reinado llevó a Inglaterra a una posición de liderazgo mundial sin precedentes, el año 1066 se convirtió en la fecha más famosa de la historia de Inglaterra."
[editar] Batalla de Manzikert (1071)
- "Al golpear la tierra agrietada, los cascos de los caballos levantan minaretes de polvo serpenteantes. Miles de turcos selyúcidas atraviesan las tierras estériles de Anatolia para reunirse frente a la ciudad amurallada de Manzikert, recientemente reconquistada por el ejército bizantino. Los bizantinos son los herederos de Roma y con sus catapultas blindadas y sus legiones de disciplinados espadachines puedan hacer pedazos a los arqueros de la caballería ligera turca... si son capaces de alcanzarlos. Pero un giro imprevisto de la situación ha mejorado mucho las posibilidades de victoria de los turcos. La traición y el engaño minan por dentro el ejército bizantino. Un día deserta una banda de mercenarios. Otro día, el segundo comandante del ejército dirige una conspiración contra el comandante general. Si los turcos logran que las divididas facciones se enfrenten al ejército bizantino, podrán vencer a un enemigo mejor equipado y entrenado."
- "Mientras era de día, el ejército bizantino podía hacer retroceder a los turcos hacia sus campamentos. Pero cuando anochecía sobre Anatolia, los turcos hostigaban a la caballería pesada bizantina cuando se retiraba a Manzikert. Cuando ya no pudieron resistir más esta tormenta, los flancos bizantinos huyeron en desbandada y los arqueros turcos a caballo se aprestaron a lanzar un ataque mortal. La batalla de Manzikert no se perdió porque los soldados o jefes lucharan mal, sino porque la traición habitaba entre ellos. El engaño desbarató la cadena de mando del ejército, mientras las facciones se disputaban el control del trono en Constantinopla, traicionando al ejército que estaba en el frente. Bizancio, mucho más debilitada, se vio obligada a pedir ayuda al resto de la cristiandad occidental, lo que fue el origen de las Cruzadas. El Imperio Bizantino sobrevivió otros cuatro siglos, pero sólo como una sombra de su gloria anterior."
[editar] Batalla de Agincourt (1415)
- "Vuelven las lluvias hasta no dejar nada más que lodo cubriendo los caminos, bosques y campos. Los soldados ingleses, agotados, levantan el arco por encima de la cabeza para proteger del agua su preciada madera de tejo. Los carros apenas pueden rodar, aunque están vacíos porque hace tiempo que se han acabado las provisiones. Por detrás resuena un galope aterrador. Llegan los soldados franceses. Los ingleses han estado retirándose lentamente desde el desastre de Harfleur, donde el glorioso asedio del rey Enrique V se alargó interminablemente, costando la vida a 3000 ingleses. Ahora Enrique ha abandonado su sueño de hacer valer su derecho hereditario sobre la corona de Francia. Al igual que sus hombres sólo desea llegar a los barcos que le llevarán a su hogar en Inglaterra. Pero de regreso a Calais, el ejército francés alcanza a Enrique. Los franceses no están interesados en negociar porque saben que los ingleses están agotados y hambrientos, y además les exceden en número, de tres a uno. Los ingleses se han detenido en la cima de una colina arbolada. Los arqueros clavan estacas en la tierra para ofrecer algún tipo de barrera contra la mortal caballería francesa. La única esperanza de Enrique es que su infantería ligera demuestre ser más ágil que los impetuosos caballeros franceses y que el radio de acción de sus arqueros iguale las cosas antes de tener a los caballos franceses encima."
- "No se recuerda la batalla de Agincourt por haber sido un triunfo inevitable, sino porque fue un vuelco a la situación esperada. Los arqueros ingleses, inferiores en número a los franceses, obtuvieron la victoria porque éstos se vieron obligados a cargar pendiente arriba en una colina embarrada y a través de un bosque espeso. Los ingleses usaban poca armadura, por lo que siendo más ligeros alcanzaron a los franceses, que se movían con dificultad, en mitad de su retirada. Una carga de Enrique con lo que quedaba de su caballería abrió una brecha entre los maltrechos franceses que le dejó libre el camino a la costa. A pesar de esa victoria, Enrique no continuó el ataque, sino que se retiró a Inglaterra. Borgoña fue la verdadera vencedora de la batalla, pues pudo alzarse con el poder por el vacío que dejaron Francia e Inglaterra."
[editar] Batalla de Lepanto (1571)
- "El continuo chapoteo de los remos de 200 barcos que golpean el agua ahoga cualquier otro sonido. La flota más poderosa jamás vista, reunida por Don Juan de Austria y sus aliados venecianos, navega bajo la ardiente luz del alba hacia su encuentro final con los turcos otomanos. El ejército turco ha extendido mucho su imperio, anexionando el norte de África y Mesopotamia a sus posesiones de Anatolia, per ha sido finalmente rechazado por la dura defensa húngara. Sin desanimarse, los turcos desviaron la atención hacia el Mediterráneo, donde intentaron acabar con las potencias navales cristianas: España y Venecia. Ahora 230 galeras de remos y seis galeazas pesadas se dirigen lentamente a la bahía de Lepanto para encontrarse con las 270 galeras de la flota turca. Los barcos se preparan cuando ya sólo les separan cinco millas. Una lluvia de flechas oscurece el cielo y, finalmente, el estruendo de los cañones ahoga el ruido del chapoteo de los remos."
- "Las pesadas galeazas venecianas rompieron las líneas turcas y arrollaron sus barcos más pequeños. Pero eran muy pocas galeazas para ganar ellas solas la batalla. Los españoles y los venecianos intentaron alcanzar y abordar los barcos turcos para que pudiera ponerse a prueba la superioridad de la experiencia y las armas cristianas. En el transcurso del día, el gigante turco empezó a tambalearse. Decenas de galeras turcas se estrellaron contra las rocas y otras se hundieron en el fondo de la bahía. No llegaron a cincuenta los barcos turcos que sobrevivieron a la batalla. Lepanto no fue el punto culminante del conflicto entre cristianos y turcos en el Mediterráneo, pero sí un momento decisivo. A los turcos les fue difícil rehacer una flota del mismo tamaño que la anterior, mientras que los cristianos siguieron mejorando la suya con los últimos avances tecnológicos, asegurándose así una decisiva ventaja militar para futuros encuentros en alta mar."
[editar] Batalla de Kioto (1582)
- "Los barcos se deslizan a través de un océano plano como un espejo teñido de rojo por las algas marinas de primavera. Produciendo una sensación irreal, se elevan en la niebla columnas de rocas cubiertas de pinos. En los barcos, los hombres observan silenciosamente a los samuráis que deambulan en cubierta. Desembarcarán cerca de Kioto y su señor, Hideyoshi, dirigirá el cerco de la ciudad de los diez mil templos. En Kioto, los revolucionarios tienen prisionero al señor Nobunaga, el hombre que quería unificar Japón. Las islas japonesas siguen constituyendo múltiples territorios de shogunes o señores de la guerra que arreglan sus conflictos con duelos rituales. Nobunaga intenta forjar un Japón único y llevar a los samuráis de las provincias hacia una nueva era. Al igual que su señor Nobunaga, Hideyoshi gana sus batallas con descargas de mosquetes, utilizando plenamente las armas de fuego que introdujeron recientemente los navegantes portugueses. Hideyoshi no intenta negociar: pedirá una vez la liberación de Nobunaga y luego asaltará la ciudad."
- "Kioto pagó caro la muerte de Nobunaga y, al final, Hideyoshi pudo realizar lo que no hizo su mentor: en 1590, Japón era un país unificado. Pero ese logro, por importante que fuera, no dejó satisfecho a Hideyoshi, quien puso en marcha su ambicioso plan de conquista de China y Corea. Japón no quedó libre de conflictos, ya que seguirían estallando diversas guerras civiles durante muchos años. No obstante, los miembros de la familia Ieyasu, antiguos aliados de Hideyoshi, seguirían gobernando Japón como shogunes hasta el siglo XIX."
[editar] Batalla de Noryang (1598)
- "La nube creada por la pólvora queda en suspensión sobre la playa de guijarros, confundiendo a las aves marinas que anidan en los floramientos rocosos de la bahía de Chinhae. En cuanto los vientos del mar oriental despejen esa nube, la flota japonesa regresará, disparando los cañones a las murallas marinas y a lo que quede de la flota coreana. Aunque el ejército ha conseguido hasta el momento repeler a cualquier samurái que llegase a tierra firme, la victoria japonesa es sólo cuestión de tiempo. La última esperanza para la flota coreana es un jefe innovador llamado Yi Sun-shin. El almirante Yi está construyendo un arma secreta: un barco con un blindaje de hierro que puede resistir al cañón japonés, y un casco picudo para rechazar los abordajes. Llama a estos barcos 'Kobukaon', o barcos tortuga. Si el almirante Yi puede preparar su flota de barcos tortuga a tiempo, los coreanos tendrán una oportunidad de derrotar a los japoneses. Pero si llega demasiado tarde..."
- "Los japoneses fueron incapaces de establecer una base en China o Corea. Por lo tanto, todas las provisiones y refuerzos tenían que venir de las propias islas japonesas. Cuando el almirante Yi destruyó la flota japonesa, los ejércitos samuráis quedaron aislados de los suministros; y acabó la invasión. Yi Sun-shin murió en la batalla, pero el comandante japonés Hideyoshi murió poco después y, con él, el deseo de conquista de los japoneses. La posibilidad de que en el siglo XVI hubiera un imperio japonés en Asia oriental desapareció bajo los cañones de los lentos y blindados barcos de guerra coreanos."