Ángeles y demonios

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Ángeles y demonios es una novela de misterio, escrita por Dan Brown y publicada por primera vez en 2000.

Citas[editar]

  • Camarlengo Ventresca: La religión tiene sus defectos, pero sólo porque el hombre tiene defectos.
  • Maximilian Kohler: La muerte será un alivio bienvenido de la desdicha en que su fe me ha sumido desde la infancia.
  • Camarlengo Ventresca: ¿Como inspira su Dios? ¿Como se infiltra en el corazon del hombre y le recuerda que responde ante un poder mas grande, que es responsable ante sus semejantes?
  • Camarlengo Ventresca: El hombre no esta preparado para disponer del poder de la Creacion. ¿Dios en un tubo de ensayo?
  • Camarlengo Ventresca: ¿Cual es el mayor pecado, matar al enemigo o permanecer ocioso mientras estrangulan a tu verdadero amor?
  • Vittoria Vetra: La duda es lo que les proporciona almas.
  • Camarlengo Ventresca: La ciencia, por definición, carece de alma. Está divorciada del corazón.
  • Camarlengo Ventresca: No existe el peligro cuando Dios está de tu parte.
  • Cardenal Mortati: Tus dos padres eran vírgenes, Carlo.
  • Camarlengo Ventresca: Es necesario devolverles al camino del bien. Horror y Esperanza. Es la única manera.
  • Cardenal Mortati: Ningun amor es más grande que el de un padre por su hijo.
  • Cardenal Mortati: A veces, nuestras mentes ven cosas que nuestros corazones desean.
  • Cardenal Mortati: Tal vez las preguntas son más poderosas que las respuestas.
  • Robert Langdon: ¿Cómo te cargaste una teoría de Einstein utilizando atunes?
  • Camarlengo Ventresca:Para los Iluminati, y para los científicos, déjenme decir esto. Han ganado la guerra. Los engranajes han estado en movimiento durante mucho tiempo. Su victoria ha sido inevitable. Nunca había sido tan evidente como en este momento. La ciencia es el nuevo Dios. La medicina, las comunicaciones electrónicas, los viajes espaciales, la manipulación genética... Son los milagros de los que ahora hablamos a nuestros hijos. Son los milagros que anunciamos como prueba de que la ciencia nos proporcionará respuestas. Las viejas historias de inmaculadas concepciones, zarzas ardientes y mares que se separan carecen de toda importancia. La ciencia ha ganado la batalla. Nos rendimos.

Pero la victoria de la ciencia ha tenido un precio para todos nosotros. Un precio muy alto.

Es posible que la ciencia haya aliviado las desdichas de la enfermedad y el trabajo extenuante, y creado toda una serie de aparatos destinados a divertirnos y aumentar nuestra comodidad, pero nos ha dejado en un mundo sin prodigios. Nuestras puestas de sol se han reducido a longitudes de onda y frecuencias. Las complejidades del universo han sido destripadas en ecuaciones matemáticas. Hasta nuestra valoración como seres humanos ha sido destruida. La ciencia afirma que el planeta Tierra y sus habitantes son puntos sin importancia en el gran esquema de las cosas. Un accidente cósmico. Hasta la tecnología que promete unirnos nos divide. Cada uno de nosotros puede estar conectado electrónicamente con el resto del globo, pero nos sentimos totalmente solos. Nos bombardean la violencia, la división, la fractura y la traición. El escepticismo se ha convertido en una virtud. El cinismo y la exigencia de pruebas han devenido pensamiento esclarecido. ¿Acaso sorprende que los humanos se sientan ahora más deprimidos y derrotados que en cualquier momento de la historia de la humanidad? ¿Defiende la ciencia algo sagrado? La ciencia busca respuestas en fetos nonatos. Hasta presume de manipular nuestro ADN. Desmonta el mundo de Dios en piezas cada vez más pequeñas, en busca de un significado... y solo encuentra más preguntas.

La vieja guerra entre la ciencia y la religión ha terminado. Han ganado. Pero no han ganado justamente. No han ganado proporcionando respuestas. Han ganado convenciendo a nuestra sociedad de que verdades antes consideradas como inmutables ahora parecen inaplicables. La religión no puede mantenerse a la altura. El crecimiento de la ciencia es geométrico. Se alimenta de si mismo como un virus. Cada nuevo descubrimiento abre las puertas para otro nuevo descubrimiento. La humanidad necesitó miles de años para progresar desde la rueda hasta el coche. No obstante, solo transcurrieron décadas desde el coche hasta la nave espacial. Ahora, medimos el progreso científico en semanas. Estamos girando sin control. El abismo entre nosotros se ensancha cada día más, y la religión queda abandonada, la gente está sumergida en un vacío espiritual. Pedimos a gritos respuestas. Lo digo en un sentido literal, créanme. Vemos ovnis, nos dedicamos a zapear, nos ponemos en contacto con espíritus, experiencias extrasensoriales, búsquedas mentales... Todas estas ideas excéntricas poseen un barniz científico, pero son desvergonzadamente irracionales. Constituyen el grito desesperado del alma moderna, solitaria y atormentada, tullida por su esclarecimiento y su incapacidad de aceptar significado en nada que no esté relacionado con la tecnología.